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ÍNDICE

1. ANTECEDENTES

a. Los Olmecas
b. Los Mayas
c. Los Aztecas
d. El Encuentro de Dos Mundos

2. LA NUEVA ESPAÑA

a. Exploración del Océano Pacífico y el Tornaviaje
b. La Armada de Barlovento y Otros Sucesos

 
 

     El comercio es históricamente el generador de la navegación y causa primigenia de la marina de guerra, desde que hubo la necesidad de proteger de los piratas depredadores los bienes que se transportaban porque su valor económico significaba una forma de riqueza de sus propietarios, ya fuesen privados o públicos. Este fenómeno fue mucho más acusado en la cultura de los pueblos que circundaban el Mar Mediterráneo o por lo menos es el más estudiado y conocido. Más tarde el buque fue empleado como un instrumento de los ejércitos para llevar la guerra a lugares alejados del propio territorio pero vinculado básicamente a la táctica terrestre. Así, la primera batalla naval de la que se tiene noticia fidedigna es la que se llevó al cabo frente a la Isla de Salamina entre griegos y persas durante las guerras Médicas en el año 480 A. de C.

     La Armada de México tiene sus raíces tanto en la actividad marítima que los pueblos aborígenes pudieran haber llevado al cabo, como en la cultura heredada de España en la que concurren y se sincretizan las prácticas y conocimientos marítimos de los egipcios, fenicios, griegos, romanos, cartagineses, árabes y judíos surgidos del Mar Mediterráneo y las de los navegantes cuyas expediciones recorrieron las costas de África hasta doblar el Cabo de Buena Esperanza para llegar a la India y a Asia; conocimientos y experiencias con los que finalmente atravesaron el Océano Atlántico para llegar a las costas de este continente.

     Antes de 1521, el territorio mexicano se encontraba ocupado por naciones política y culturalmente diferentes, unas, las más poderosas, se hallaban asentadas en el altiplano, lejos del mar y separadas del litoral por las dos grandes barreras naturales formadas por la Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre Occidental. Los pueblos ribereños, menos desarrollados y algunos de ellos tributarios de aquellos, pudieron haber practicado la navegación marítima y fluvial con propósitos de pesca y comerciales, pero no se dispone de ninguna referencia que mencione el empleo militar de embarcaciones, aunque nos viene a la mente, a causa de la búsqueda de algún argumento que nos revele cuando menos un hecho que discrepe de esta realidad, que algunos pueblos ribereños las podrían haber utilizado para transportar soldados hacia algún área de combate o pensamos igualmente en los aztecas que, por ser una cultura que fincaba su poder en su ejército para sojuzgar a sus vecinos, las usaron de igual forma en el lago de Texcoco para salir a combatir desde la Gran Tenochtitlan.




LOS OLMECAS

     La más antigua civilización de Mesoamérica fue la Olmeca, cuya existencia se remonta a 1,500 años A. de C. y desaparecida hacia 900 A. de C., de la cual existen escasos vestigios arqueológicos y poca información relativa a sus costumbres y actividades, pero como era una cultura establecida en la costa y una zona densamente fluvial y pantanosa conformada en los límites de lo que hoy son los estados de Veracruz y Tabasco, nos hace suponer que practicaron alguna forma de navegación en canoas. Los eminentes arqueólogos mexicanos Ramón Piña Chan y José Luis Covarrubias en su obra titulada "El Puieblo del Jaguar, los Olmecas Antiguos", afirman que las representaciones de canoas ahuecadas en La Venta indican que bogaban del río Tonalá hacia el mar.




LOS MAYAS

     J. Eric S. Thompson llamó a los mayas "Los Fenicios del Nuevo Mundo"(1). El desarrollo de sus conocimientos científicos en los campos de la matemática, la astronomía, la medicina, la arquitectura y la ingeniería, así como su habilidades artísticas han asombrado a propios y extraños y son objeto de profundos estudios en casi todos los rubros de la ciencia moderna, que todavía encuentra en sus vestigios, respuestas fundamentales a sus cuestionamientos para comprender fenómenos aun no explicados. Se destacan las investigaciones de científicos alemanes, rusos y norteamericanos.

     Los mayas fueron, entre otras cosas, artesanos navales y navegantes, cuyas embarcaciones encontraron los españoles desde sus primeras incursiones en este continente. Bernal Díaz del Castillo refiere estando frente a un paraje que los indios llamaban Catoche, en el extremo noreste de la península de Yucatán"…. y una mañana, que fueron 4 de marzo, vimos venir diez canoas muy grandes, que se dicen piraguas, llenas de indios naturales de aquella población, y venían a remo y vela. Son canoas hechas a manera de artesas y son grandes y de maderos gruesos y cavados de arte que están huecos; y todas son de un madero, y muchas de ellas en que caben cuarenta indios"(2)

     Colón en su cuarto viaje, encontró cerca de las Islas de la Bahía frente a la costa de Honduras una canoa de esas y la describió como del largo de una galera y unos cinco codos de ancho (2.5 mts. aproximadamente). Se sabe que las rutas marítimas de los mayas abarcaban desde la costa de la región de la Huasteca hasta Centroamérica y algunas islas del Caribe, transportaban objetos de arte de cobre, de plumas de quetzal y colibrí; textiles, cacao, sal y otras mercancías de las diversas regiones que visitaban.




LOS AZTECAS

     Un caso aparte y muy sui géneris para la historia naval es el de los aztecas a quienes podemos calificar de ser una cultura acuática de asentamiento lacustre por haberse desarrollado en medio del lago de Texcoco sobre chinampas(3) unidas entre si para formar bloques comunicados por canales. Lograron tal armonía en la estética urbana que los españoles quedaron maravillados del esplendor de Tenochtitlan. Nuevamente Bernal Díaz del Castillo nos recrea el momento de su llegada a Ixtapalapa el 8 de noviembre de 1519, dándonos sus impresiones "….. y desque vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua y en tierra firme otras grandes poblazones, y aquella calzada tan derecha y por nivel como iba a Méjico, nos quedamos admirados y decíamos que parescía a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís, por las grandes torres y cúes y edificios que tenían dentro del agua, y todos de calicanto, y aun algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían si era entre sueños, y no es de maravillar, que yo lo escriba aquí desta manera, porque hay mucho que ponderar en ello y no sé cómo lo cuente, ver cosas nunca oídas ni vistas ni aun soñadas como vimos…."(4)

     Ni españoles, ni indígenas pudieron percibir en ese momento que menos de dos años más tarde serían protagonistas de dos de las paradojas más extraordinarias que adornan la historia de este país, pues en esta región del altiplano a 2,300 metros sobre el nivel del mar se inició la historia de la construcción naval en el continente americano con los trece bergantines que Cortés mandó construir en Tlaxcala para poner sitio a Tenochtitlan y luego la batalla naval en el lago de Texcoco entre dichos bergantines y las canoas de los aztecas que culminó con la victoria de los españoles el 13 de agosto de 1521.




EL ENCUENTRO DE DOS MUNDOS

     José Luis Martínez en su obra biogáfica sobre Hernán Cortés escribe: La experiencia de la derrota del 30 de junio de 1520, en que tantos de sus soldados y caballos perecieron en los cortes de las calzadas, enseñó a Cortés que sólo podía atacar con éxito la ciudad lacustre con movilidad combinada por agua y por tierra. Para ello decidió fabricar en Tlaxcala doce bergantines que luego serían trece, cuya construcción debió iniciarse hacia octubre de 1520 y se concluyó hacia febrero o marzo del año siguiente. Parece insensatez la de fabricar, tan tierra adentro, las partes de los navíos que luego habrán de transportar, en casi una centena de kilómetros y en terreno montañoso, hasta Texcoco a orillas entonces del lago. Sin embargo, Tlaxcala era el único apoyo principal con que contaban en aquellos días los españoles, y gracias a la habilidad de carpinteros y herreros y a la capacidad sin límites de la ayuda indígena, el proyecto descabellado se hizo realidad.(5)

   En principio Cortés envió al burgalés Santa Cruz a traer de Veracruz a Tlaxcala, de los barcos desmantelados, anclas, clavazón, estopas, velas, cables y jarcias, así como calderos para hacer la brea; y en unos pinares cercanos a Tlaxcala en Huejotzingo, los marineros prepararon la resina llamada pez, necesaria para las juntas y el calafateo de las naves. Martín López, “carpintero de ribera” esto es de obras navales, que ya había construido los primeros cuatro bergantines, quemados por los indígenas en la sublevación de la noche triste, recibió de Cortés, hacia octubre de 1520, el encargo de organizar la construcción de los nuevos bergantines. López vino a Tlaxcala con sus herramientas y tres criados y comenzó por ir a buscar a montes cercanos el maderamen de roble, encino y pino necesario…...(6)

     Cuando estuvieron terminados los bergantines fueron probados en el río Zahuapan que se represó para ese propósito. Una vez probados se volvieron a desbaratar y se organizó su transporte de Tlaxcala a Texcoco, donde se armaron de artillería…. El Transporte a Texcoco de un volumen tan considerable de piezas de madera y de los demás aparejos de los bergantines, que además de cruzar montañas, tenía que pasar por tierras enemigas, fue tarea compleja. Cortés dispuso que fuera a auxiliarla Gonzalo de Sandoval, quien llevó doscientos soldados, veinte escopeteros y ballesteros y quince de a caballo, mas buena copia de tlaxcaltecas.(7)

     En Texcoco debió construirse una especie de dique seco para armar los bergantines. Al mismo tiempo comenzó a cavarse una zanja que comunicaba el dique con el lago….A base de las escasas informaciones disponibles y como una “reconstrucción conjetural”, C. Harvey Gardiner, en su obra Naval Power in the Conquest of Mexico, propone las siguientes medidas y características de estos bergantines, que hoy llamaríamos lanchones. Eslora 11.76 mts. y 13.44 mts. Para la nave capitana. Tomando en cuenta que el canal de Texcoco tenía una anchura aproximada de 3.92 mts. –“dos estados” dice Cortés – la manga máxima de los bergantines pudo ser de 2.24 a 2.52 mts., su calado entre 56 y 70 cms. Y su altura libre de 1.12 mts. Los pequeños navíos llevaban seis remeros a cada lado y tenían uno o dos mástiles con velas que parecen recogidas en las ilustraciones del Códice Florentino. La propulsión principal se hacía con remos cortos como los que siguen empleándose en las trajineras de Xochimilco. Cada bergantín podía transportar hasta veinticinco hombres: Capitán, timonel, remeros y soldados, aunque los bogadores debieron llevar también armas para los combates en tierra.(8)

     El 28 de abril de 1521 los bergantines o fustas estaban listos, enfilados en la zanja y dispuestos para pasar al lago y entrar en acción. Pronto se comprobaría su eficiencia guerrera. El plan y la técnica habían sido españoles; la mano de obra, el transporte y la vía de agua eran de manos indias. En aquella larguísima procesión que transportó a los bergantines de Tlaxcala a Tezcoco, los soldados españoles la dirigían y vigilaban pero iba contra sus principios participar en el trabajo rudo de la carga; para ello estaban los millares de indios siempre disponibles.(9)

     En este relato destacan, además de la determinación, el liderazgo y la capacidad creativa de Hernán Cortés para alcanzar su objetivo pese a cualquier contrariedad, los inicios en América de la construcción naval con un propósito eminentemente militar pero además, de tipo modular, cuya tecnología sería desarrollada en los astilleros del siglo XX.

     Diversos autores y cronistas de la conquista consignan diferentes fechas para el inicio del sitio pero todos coinciden en que éste comenzó en el mes de mayo de 1521 y se prolongó por 75 días según Cortés, pues para él se inició el 30 de mayo, para Bernal Díaz del Castillo duró 93 días. En los preparativos para la gran guerra lacustre, Ixtlixochitl, rey de Texcoco impuesto por Cortés, ordenó agrupar todas las canoas disponibles y que parte de ellas acompañaran a los bergantines, otras se dedicaran al transporte de bastimentos y demás cosas necesarias para el ejército. Ya que la flota estuvo lista, zarparon de la ciudad de Texcoco para ir sobre Tenochtitlan. Si analizamos la composición orgánica de esta peculiar Armada, podíamos clasificarla como una coalición Hispano – Texcoco - Tlaxcalteca y estaba compuesta por los trece bergantines los cuales estaban bien armados, cada uno con un cañón, ballesteros y arcabuceros y una cantidad no precisada, pero se mencionan varios miles, de canoas indígenas tripuladas con guerreros de las naciones coaligadas. Las operaciones en el lago de Texcoco asumieron el carácter de una verdadera batalla naval. Los aztecas enfrentaron a la flota coaligada con varios cientos de canoas y el primer encuentro tuvo lugar en el asalto a Iztapalapa en el paraje llamado Peñón Grande, el cual, según los relatos de la época fue sumamente encarnizado. Naturalmente que la diferencia en los armamentos de los combatientes, y el número de adversarios, decidió la victoria a favor de los Aliados, que materialmente arrollaban a las canoas, habiendo echado a pique más de quinientas(10), sin embargo los aztecas lograron varar dos bergantines restando así fuerza a los sitiadores. Esta primera victoria no fue ni con mucho la terminación de la guerra; esta lucha se prolongó diariamente hasta el 13 de agosto en que se derrumbó el Imperio Mexicano con la captura del Emperador Cuauhtémoc.

     Cuando ya no quedaba en tierra reducto para los indios, los bergantines persiguieron por el lago a las canoas. García Olguín, capitán de un bergantín, logró apresar la embarcación en la que iban Cuauhtemótzin, Conacochtzin, Tetlepanquetzaltzin, señores de México, Tezcoco y Tlacopan, y otros señores. Los tres señores vestían mantas de maguey, muy sucias sin ninguna otra insignia. Junto con su jefe Sandoval, García Olguín, los llevó ante Cortés, que se encontraba en una azotea en el barrio de Amexcac. El breve diálogo que consigna el conquistador es como un medallón de noble patetismo: “el cual [Cuahutémoc], como le hice sentar, no mostrándole riguridad ninguna, llegase a mi y díjome en su lengua que el había hecho todo lo que de su parte era obligado para defenderse a sí y a los suyos hasta venir en aquel estado, que ahora hiciese lo que yo quisiese; y puso la mano en un puñal que yo tenía, diciéndome que le diese de puñaladas y lo matase”.(11)

     El hecho de la derrota de los aztecas y la victoria de la coalición hispano indígena, vista desde la perspectiva del juicio de la historia, no hace ninguna mella en los personajes protagonistas de esta encarnizada lucha en la que cada quien cumplió con el deber que el destino le asignó; por lo contrario, en cada bando, el heroísmo, la dignidad, el valor y la determinación de triunfo fueron las virtudes que adornaron a ambos adversarios. Lo más importante de sus consecuencias es que, de esa gesta surgió el Estado mexicano, si bien en principio sometido, luego fue tan soberano como cualquier nación del orbe, integrado en un territorio mayor que cualquier reino europeo y hoy reconocido en el escenario internacional por su pueblo mestizo, por la feracidad de la naturaleza de su tierra y sus mares, por sus leyes e instituciones.

 

     Trescientos años y 62 Virreyes corresponden al tiempo de la Nueva España. Durante este período encontramos contrastes claros y obscuros, entre una historia rica en experiencia náutica, tanto por las expediciones que desde esta tierra se organizaron para explorar la costa occidental del continente y la vastedad del Océano Pacífico, como por el desarrollo de las ciencias náuticas, la construcción naval y el comercio marítimo, con una historia pobre en el desarrollo militar de la marina a pesar de las amenazas que se cernían sobre las costas de las posesiones españolas en América. Como ocurre en todo proceso colonizador o de dominio extranacional, la Nueva España no tuvo una marina de guerra propia para proteger sus costas del asedio de corsarios y piratas que constantemente atacaban a las naves españolas que conducían a la metrópoli los productos obtenidos en sus dominios americanos y a los inermes puertos donde estos se embarcaban, sin embargo algunos hombres de origen novohispano y de otras colonias obtuvieron experiencia náutica y militar útiles para formar la incipiente marina de guerra del México independiente.




EXPLORACIÓN DEL OCÉANO PACÍFICO Y EL TORNAVIAJE

     En la Ciudad de México se organizó una de las expediciones más importantes en los anales de la navegación del siglo XVI, porque además de conquistar y colonizar las Islas Filipinas, contribuyó a encontrar la ruta de regreso del Oriente al Continente Americano. En el año de 1559, Felipe II había ordenado al Virrey Dn. Luis de Velasco, que preparara una expedición que debía conquistar y poblar las Islas Filipinas, que habían sido descubiertas por la expedición de Magallanes en 1521, nombrándose Jefe de la misma a Fray Andrés de Urdaneta y Zerain(12), religioso agustino de gran reputación de hombre de mar y profundo conocedor de las ciencias náuticas. Por su condición de religioso, Urdaneta declinó tomar el mando de la expedición pero ofreció su participación y formuló un proyecto de navegación que envió al monarca; finalmente el mando de la operación fue confiado al Adelantado y General Miguel López de Legazpi.

     Los preparativos de la expedición duraron un lustro. El proyecto es minucioso y Urdaneta lo envía al Rey junto con el derrotero de la navegación que se propone seguir. “Por principio de cuentas, indica las razones para que la escuadra parta de Acapulco, puerto que propone porque el de La Navidad es tierra malsana y los oficiales y gentes que residen en el dicho puerto muchas veces enferman y mueren algunos(13). “Acapulco [..] parece que tiene buenas partes para que en él se arme el astillero para hacer navíos é para que en él se haga la carga y descarga de ellos, por ser uno de los buenos puertos que hay en lo descubierto de las Indias, grande y seguro y muy sano y de buenas aguas y mucha pesquería y mucha madera para la ligazón de los navíos y pinos para mástiles y antenas”… “ En el mismo puerto de Acapulco se podrán hacer toda la artillería y anclas que fuere menester: en esta tierra hay cobre y en cantidad, de que se ha hecho artillería, aunque no buena porque revienta presto; pero si se purifica bien el cobre, se cree que se acertaría a hacer buena artillería de la cual, si se ha de conseguir la contratación del poniente y se han de poblar aquellas tierras, ha de haber en gran cantidad y toda de bronce, porque la de fierro gástase muy presto”(14)….. Respecto a la logística de personal añade que es necesario:… “compeler a muchos mancebos que andan hechos baga mundos de que deprendan oficios, especialmente a mestizos é mulatos é negros otros – esclavos emancipados – a unos a ser carpinteros é á otros calafates, cordoneros, torneros, herreros, para que hubiese abundancia de oficiales de todos géneros”(15). “La Armada se compone de la nao capitana de 500 toneladas llamada “San Pedro” que se destina a Don Miguel, El “San Pablo” es la nave almiranta y tiene un tonelaje de 400 toneladas; del galeoncete “San Juan” de 100 toneladas; De 40 o 50 toneladas es el patache “San Lucas”(16). Todos ellos, construidos en astilleros novohispanos zarparon del Puerto de Barra de Navidad el 21 de noviembre de 1564.(17)

     El plan de Urdaneta consistía en navegar hacia la Nueva Guinea pero en la mar abrió un sobre lacrado en el que el rey le ordenaba navegar directamente hacia las Filipinas. En su derrota llegaron a las islas Carolinas Orientales, hoy conocidas como Islas Marshall donde descubrieron una isla no mencionada en ninguna carta a la que pusieron por nombre Barbudos, luego tocaron las Islas Marianas donde tomaron posesión de la Isla de Guam, posteriormente arribaron a la Isla de Samar en el archipiélago filipino de donde se dirigieron a Leyte y luego a Mindanao, recorrieron varias islas del archipiélago hasta que arribaron a la Isla Cebú en la que después de algunos ligeros combates terrestres con los naturales, desembarcan con toda la fuerza el 5 de mayo de de 1565 para iniciar una corta campaña que culminó con la ocupación definitiva, echando los cimientos del primer fuerte y fundando la Villa de San Miguel, misma que fungió como capital del archipiélago hasta 1571.(18)

     Para el 1º de junio de 1565 se dispuso el regreso de la expedición, ya que Legazpi permaneció en las Filipinas para iniciar la colonización como primer gobernador nombrado por la Corona española. Dicho viaje se llevó a cabo únicamente a bordo del galeón "San Pedro" el cual se puso al mando del joven pero avezado capitán de 18 años Felipe Salcedo, nieto de Legazpi, lo que permitió a Urdaneta llevar con holgura el liderazgo en la navegación.

     Urdaneta había preparado ya el itinerario que, según su experiencia, estaría alejado de las zonas de tormentas, navegando primeramente hacia el noreste rumbo a las islas situadas al sur del archipiélago del Japón hasta alcanzar los 34º de latitud norte para virar al sureste, bajando a la mitad del océano hasta los 23º N y desde ahí retomar el rumbo al noreste. La travesía fue larga y regularmente tranquila pero llena de incertidumbre para la tripulación que sólo podía confiar en su fe en Dios y el conocimiento de Fray Andrés… ”El 3 de septiembre algunos expedicionarios creen hallarse cerca de la costa americana. No será sino hasta el 18 cuando en efecto la avizoren.

     El 26 de septiembre, 118 días después de haber zarpado, avistan las tierras de California y comienzan a descender barajando la costa. No dilatan en aparecer la isla de Cedros y Loreto, los cabos de la Paz y San Lucas, las islas Tres Marías y el Cabo Corrientes, pero antes de alcanzar el triunfo el mar cobra su tributo y se desata a bordo “la peste de mar” ataca a la tripulación y en pocos días mueren el contramaestre, el piloto mayor y catorce hombres más frente al puerto de Navidad; de ahí que Urdaneta decide continuar hasta Acapulco con solo 18 tripulantes sanos o ya enfermos al que arribaron el 8 de octubre.(19)

     “El fraile casi sexagenario, a quien sostienen en pie su pasión náutica y su fe religiosa, es apenas el único hombre válido de la tripulación: gobierna el timón, iza las velas, anima a los débiles; es patrón, capitán, piloto, marinero y grumete a la vez, aparte de su condición sacerdotal(20). Dejando abierta y asegurada la ruta que generó el provechoso comercio con el Oriente, representado por la celebre Nao de China.

     El patache "San Lucas", pequeña embarcación de 40 toneladas y 20 tripulantes se extravió poco después de haber zarpado de Barra de Navidad debido a que un fuerte temporal lo separó de la flota. Iba al mando el Capitán Don Alonso de Arellano quien al verse aislado, decidió continuar el viaje para encontrarse con la flota en la islas Molucas, tal como lo indicaba el plan original pero, modificado sin que se haya enterado, (algunas versiones mencionan por desobediencia), por lo que espero 30 días en aquellos parajes y al no tener noticias, decidió regresar a la Nueva España no sin antes buscar a la flota de Legaspi en todas las islas que iban apareciendo a su paso, al no encontrarla, continuó barajando la costa de China hasta alcanzar los 43 grados de latitud y desde ahí se lanzó en pos del continente Americano llegando a recalar a la punta Sur de la Península de la Baja California; habían pasado 48 días desde que se había hecho a la vela en las islas Molucas, días de vicisitudes y terribles padecimientos. Al rebasar la península y navegando en dirección del puerto de Navidad fueron sorprendidos por un temporal que casi hace zozobrar la embarcación y los tripulantes, en su desesperación, prometieron que si llegaban a puerto llevarían cargando el palo mayor hasta la Ciudad de México y lo plantarían en el Cerro del Tepeyac junto al santuario recién dedicado a la Virgen de Guadalupe. El 9 de agosto de 1565 alcanzaron el puerto de Navidad, dos meses antes que el propio Urdaneta, siendo el primer barco que cruzó el Océano Pacifico de Oeste a Este. Desde entonces se podía ver un mástil de barco hincado en la tierra en la parte posterior de la antigua basílica, en el Cerro del Tepeyac, del que hoy existe una réplica de cemento, con una información incierta.

     “Basta considerar la pequeñez de un buque de 40 toneladas, su reducida dotación de 20 hombres, de capitán a paje, casi todos mozos sin experiencia ni bríos para empresas de mar y guerra y en mar inexplorado y en tierras desconocidas, la falta de provisiones y pertrchos, las enfermedades especialmente el escorbuto, la poca subordinación de la tripulación y sobre todo la incertidumbre del viaje a que se aventuraba, sin que la detuvieran los muchos fracasos de anteriores intentos en buenas y bien pertrechadas naves, con gente experta y decidida, para conceder que el viaje del San Lucas es de los más atrevidos que registra la historia de la navegación”.(21)

     Don Mariano Cuevas en su obra "Monje y Marino" refiriéndose a esta expedición dice: "Por el número de nativos de nuestro país y por haberse organizado en la Ciudad de México con personal y elementos de ella y porque los mismos principales, Legazpi el primero, eran de vieja raigambre en este país y consideraban como suya esta patria, se consideró y se llamó desde aquellos mismos tiempos, mexicana".




LA ARMADA DE BARLOVENTO Y OTROS SUCESOS

     España, a pesar de ser el imperio más poderoso del mundo desde los inicios del siglo XVI fue un imperio constantemente asediado por los reinos subordinados, ansiosos de obtener su autonomía desde que Carlos, V de Alemania y I de España, recibió como herencia los territorios pertenecientes al Sacro Imperio Romano Germánico de sus abuelos Habsburgo; y los ibéricos, junto con las posesiones americanas de sus abuelos maternos del las casas de Castilla y Aragón. Su hijo Felipe II (1556-1598), siguió el eje trazado por su padre: conservación de la monarquía hispánica y lucha contra los enemigos del catolicismo, es decir, los protestantes y los musulmanes. Conflictos que estuvieron marcados por una serie de hechos de carácter general, pero con unos referentes concretos ineludibles: los ataques piratas lanzados sobre las costas hispánicas desde el norte de África y la sublevación de los moriscos de Las Alpujarras (1568-1571), cuyo punto álgido se alcanzó en 1571 con la batalla de Lepanto; la fracasada acción de la Armada Invencible, en el enfrentamiento con Inglaterra, en el que se disputaba el dominio del océano Atlántico; y la rebelión de los Países Bajos, por cuestiones políticas en la búsqueda de su independencia, económicas por el dominio del comercio de la época y religiosas por la adopción del calvinismo frente al catolicismo.

     La mitad del largo reinado de Felipe IV (1621-1665) estuvo dominada por la figura del conde-duque de Olivares (1621-1643), cuyo programa de reformas administrativas, fiscales y militares quedó bloqueado por la guerra con Francia (1635), que se sumó a la guerra de los Treinta Años, la reanudación de la guerra de los Países Bajos y los levantamientos de Portugal y Cataluña (1640). La Monarquía, absolutista, intransigente e inadaptada a las circunstancias políticas del momento, se situó al borde de la desintegración, hasta que, gracias a la Paz de Westfalia, (1648)(22) se alcanzó finalmente un equilibrio político en Europa a costa del debilitamiento de España, cuya declinación naval se inició con la derrota de la Armada en la Batalla de las Dunas el 21 de octubre de 1639 frente a la flota independentista de los Países Bajos.

    Este trasfondo geopolítico marcó su influencia en los acontecimientos ocurridos en la Nueva España, dependiente de una metrópoli políticamente y militarmente acosada por sus enemigos, económicamente agotada por el esfuerzo de guerra que demandaba abundantes recursos que obtenía de las colonias y de los armadores que transportaban a España. Por ello fueron precisamente las líneas de comunicación marítima los objetivos físicos de las flotas de sus enemigos y de los piratas.

     La Nueva España tenía en la costa oriental, dos importantes puertos donde se concentraban las mercancías que se transportaban a España: Veracruz y Campeche. Además llegaban a dicho reino, cargamentos procedentes de Cartagena de Indias en el Virreinato de Nueva Granada (Colombia) y de La Habana en la Capitanía General de Cuba, Todas ellas frecuentemente atacadas y saqueadas que requerían de una defensa naval activa. El primer combate naval registrado en nuestras costas data del año de 1568 en Veracruz durante la tercera expedición del corsario John Hawkins quien, buscando carenar sus cinco maltrechas naves que habían sido sorprendidas por una tempestad frente al Cabo San Antonio (Cuba), costeó la costa mexicana hasta Cabo Catoche donde el piloto de un buque apresado le informo que el mejor lugar para reparar sus naves era Las Ventas de Buitrón, hoy conocido como San Juan de Ulúa.

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San J. Ulúa 2 San J. Ulúa 3

     Su arribo al islote, el 15 de septiembre no despertó ninguna sospecha porque se esperaba a la escuadra que conducía al nuevo Virrey Don Martín Enríquez de Almanza, así que sin disparar un tiro, Hawkins se posesionó del lugar tomando prisionera a su guarnición. La flota del Virrey de trece galeones se mantuvo a la expectativa, esperando un ataque que Hawkins no se atrevió a lanzar dada su posición comprometida, pero ello dio lugar a una serie de pláticas en las que Enríquez de Almanza le ofreció darle lo que necesitara a cambio de que se hiciera a la vela de inmediato, luego de lo cual la flota del Virrey fondeó en la Bahía sin problemas.

     Era evidente que ninguno de los dos pensaba en cumplir su palabra. En la noche del 22 de septiembre el Virrey dio la orden de atacar. Cuando Hawkins, al amanecer, vio tan cerca al enemigo, disparó contra él con sus armas personales, pero los españoles respondieron primero, con el fuego de sus arcabuces, luego con su artillería. De los buques de Hawkins, el "Minion" se incendió, el "Jesus de Lubeck" fue tomado por asalto y abandonado por su tripulación. el "Angel" y el "Swalow" fueron hundidos. Por la tarde, los españoles recuperaron la isla y armaron un brulote que lanzaron contra los aterrorizados ingleses que trataban de refugiarse en el semihundido "Minion". El temible corsario, al disponer su retirada se percato que le faltaba el "Judith", el cual se había adelantado a su decisión tomando rumbo a Inglaterra al mando de un joven oficial llamado Francis Drake(23) quien años más tarde sería uno de los más temidos y crueles capitanes de la reina de Inglaterra y el primer comandante que completó la circunnavegación al planeta.

Francis Drake
 
Francis Drake

     Estas y otras calamidades ocurridas en el Golfo de México y el Mar Caribe dieron pábulo, hacia 1595, a la idea de que España debía disponer de una Armada con presencia permanente en estas áreas para defender los puertos y los buques de los ataques de los filibusteros. Su necesidad era patente ante aquella insostenible situación de amenazas y de constantes ataques(24)

. Su misión consistiría en ir, cuando fuese necesario, a Nombre de Dios (Panamá) en compañía de las galeras de Cartagena (Colombia), y llevar la plata a esa ciudad para que estuviese allí cuando llegasen los galeones de España, excusando así la invernada de éstos. Otras misiones que se le iba a asignar eran las de acudir al Cabo de San Antón (Cuba) a asegurar la flota de la Nueva España, y aun ir a la Nueva España si alguna vez conviniera al servicio.(25)

     El tiempo transcurrió sin resultados concretos. El primer proyecto hablaba de establecer una doble defensa en la mar. Consistía en situar dos galeones y una fragata en Canarias, y otros dos contingentes iguales corriendo uno la costa de Tierra Firme (Continental), hasta Nombre de Dios, Cartagena, Santa Marta (Colombia), Cabo de la Vela (Venezuela), Margarita (Isla venezolana), y Venezuela, hasta Dominica (Antillas Menores ó Islas de Sotavento); y otro insular que actuase sobre Puerto Rico, Santo Domingo, Cuba y Jamaica(26). Como se puede apreciar, desde su origen la idea no contemplaba la permanencia de la Armada en algún puerto de la Nueva España. El planteamiento era correcto, Veracruz o Campeche se encontraba en el fondo del seno, relativamente menos expuestos al alcance de los bucaneros que procedían del Atlántico.

     Durante 45 años el asunto anduvo de mano en mano: entre ideas, reclamos, exigencias, frustraciones decepciones, presupuestos, peculados, demandas prioritarias y burocracias, la Armada de Barlovento emergía y se hundía en un mar de papeles, cuando se disponía la construcción de un número determinado de buques, el dinero solo alcanzaba para la mitad de ellos o menos; Cuando un convoy cargado de mercancías y los tributos del rey salía para España, le acompañaba una escuadra que nunca regresaba, hasta que en el año de 1640 llegó a la Nueva España el Duque de Escalona, décimo séptimo Virrey quien más realista que sus antecesores y que los reyes y cortesanos de España… y "ante el hecho consumado de que gran parte de los impuestos se habían gastado en otra necesidades, dirigió sus esfuerzos a aprestar sólo cinco o seis navíos, con los que la Armada iniciaría su actuación. Con ese objeto convocó en Veracruz a una junta en la que tomaron parte el general de la flota, don Roque Centeno; su almirante Juan de Campos; don Alonso de Contreras, castellano de San Juan de Ulúa; don Juan Blázquez y don José de Valdez, tesorero y contador de las cajas reales de Veracruz; don Diego de Aldana, capitán de mar y guerra de la flota y otras personas más de la ciudad".(27)

     Seis fueron los primeros galeones que formaron parte de esa tan esperada armada, que si bien eran mercantes de propiedad privada, el gobierno virreinal los compró a un precio de 40 ducados la tonelada. El " Concepción" de 300 Tons., el "Ntra. Sra. del Rosario" de 230, el "San Antonio" de 400; también se decomisaron una urca de 400 construida en Jamaica, un patache de 150 y una fragata de 400 construida en Campeche, de cuyos nombres no se consignan registros. El mayor problema fue armar los navíos, era difícil encontrar en Veracruz la artillería necesaria, encargándose la fundición de las piezas a un astillero de La Habana.(28)

     Poco después, unas naves inglesas fueron avistadas en las inmediaciones de Alvarado donde se estaban construyendo dos galeones para la Armada y teniéndose noticia de ello en Veracruz, el Almirante Antonio de la Plaza se dispuso a salir a su encuentro, por primera vez con la Armada de Barlovento el 9 de junio de 1641. El encuentro tuvo lugar en las inmediaciones de la desembocadura del Río de Caña (Poblado situado en la costa veracruzana de la región de los Tuxtlas, entre Pta. Zapotitlán y Alvarado), apresando una de aquellas embarcaciones con 22 prisioneros. Este pequeño encuentro tuvo gran repercusión en Veracruz pues por primera ocasión los piratas habían sido interceptados y perseguidos después de tantos años de padecer sus ataques.(29)

     Se había llegado al acuerdo que los cargamentos para España deberían salir en enero y en agosto de cada año, cosa que rara vez se cumplió, y a pesar del entusiasmo del Duque de Escalona y las buenas intenciones de los defensores de la Armada, ésta continuó su errática trayectoria, funcionando con dificultades porque frecuentemente era llamada para incorporarse a la Armada del Océano. De hecho su presencia en Veracruz fue esporádica, sólo para invernar. Sus apostaderos principales eran los de La Habana y Cartagena.

     Durante el gobierno del Virrey don Payo de Ribera Enríquez en 1673 se ordenó la colonización de las islas de la Mesa, hoy conocidas como Hawaii. En 1678 se mandaron erigir las escuelas de artillería en los puertos de Veracruz, La Habana y Cartagena, debido a la falta de artilleros que había en las Indias(30). En tanto que este gobernante destacaba a la Armada de Barlovento para desalojar a los piratas de la ciudad de Santa Marta, se desentendía de sus propias costas, pues lejos de haber combatido a los ingleses apostados en la Laguna de Términos, éstos atacaron Campeche en julio de 1678 y se apoderaron del tesoro que había en las cajas reales y la plata de Panamá ahí depositada.(31)

Don Payo de Rivera

     Con don Tomás De la Cerda y Manrique de Lara, Conde de Paredes y Marqués de la Laguna, quien a pesar de estar advertido por Alejandro Farnesio, gobernador de Flandes, de las graves amenazas que se cernían sobre la Nueva España, no se tomaron las medidas oportunas para evitar que la mañana del 17 de mayo de 1683, un grupo de piratas encabezados por Francois Grammont, quien una vez fue nombrado por el rey Sol Teniente del Rey(32), y Laurent Graff, conocido como Lorencillo, desembarcando por Punta Gorda en la playa norte y cerca del arroyo de Vergara y sorprendieron a la ciudad de Veracruz. Fallaron todos los dispositivos de defensa del puerto, desde el descuido personal del gobernador de la plaza hasta el de la vigilancia de rondas de caballería de las playas. En la defensa murieron innumerables ciudadanos; al aparecer en el horizonte la flota de don Diego de Saldívar, los piratas se apresuraron a huir, no sin antes arrasar y saquear todo lo que encontraron a su paso. Ante tal suceso se renovaron las disposiciones para que la Armada de Barlovento llevara adelante su enésima reorganización poniéndola al mando de don Andrés Ochoa y Zárate a fin de que vigilara las costas del seno y convoyara a las flotas hasta La Habana.(33)

     En 1688 llegó a gobernar D. Gaspar De la Cerda Sandoval Silva y Mendoza, Conde de Galve, quien se vio comprometido a enviar a Santo Domingo una expedición para desalojar a los franceses que la ocupaban, para ello se sirvió de la Armada de Barlovento que constaba de seis naves de línea y una fragata en las que fueron transportados 2,600 soldados mexicanos(34). El Virrey De la Cerda recibió la real orden de acudir en virtud del estado de guerra existente entre España y Francia. Esta ocupación francesa dio lugar a una movilización general en toda la isla, y en ella se estaba cuando la Armada llegó el 9 de noviembre(35). Dicha escuadra zarpó de Veracruz el 19 de julio de 1690 escoltando un convoy hacia La Habana para luego dirigirse a cumplir con la misión ordenada por el Virrey.

Don Gaspar de la Cerda

     La versión de Bibiano Torres cita: "La junta celebrada acordó que era el momento propicio de atacar estableciéndose un doble frente: mientras que un ejército partía de Santo Domingo el 21 de diciembre, días después la Armada bordeando la costa se dirigió hacia el puerto de Manzanilla, situado a 14 leguas del Guarico. Allí se unieron ambos ejércitos, el de mar y el de tierra, disponiéndose que los navíos continuasen hasta el Guarico, donde debían llegar el día antes que los que avanzaban por tierra. La intención era desembarcar y ocupar el paso de Puerto Paix, ligar donde los franceses podían aprovisionarse. Así se hizo, motivándose una dura batalla en la que murieron 400 franceses y 47 españoles, terminando con la ocupación de Guarico. Se entró en Salmorín y se despacharon tropas a las demás poblaciones de la región que entraron en cinco de ellas: El Limonar, Trasalmorín, La Pitanza, Elcap Alto y el Bajo. Todo fue asolado y quemado, aunque no se consiguieron muchos despojos porque los franceses junto con las mujeres y los niños habían pasado todas sus haciendas a Puerto Paix. También se apresaron en el puerto dos navíos grandes de 28 y 24 cañones, que llegaban de Francia, una fragata de 16 piezas de las dedicadas al corso, y otras balandras y vasos menores hasta el número de ocho".(36)

     Por su lado, Sariego del Castillo dice: "El gobernador francés de Guarico fue de la opinión de presentar una emboscada, pero el Teniente del Rey De Tranquesnay opinó, de acuerdo con el consejo de guerra, que fueran esperadas las fuerzas expedicionarias en la llanura de la Limonada, donde escogió un sitio ventajoso, y después de haber jugado la artillería y la fusilería, acometieron los franceses al arma blanca con tal furor que ya creían derrotados a los mexicanos. Con toda oportunidad acudieron quinientos lanceros que estaban en la reserva y que hicieron prodigios de valor, se ordenaron a merced de ello nuevamente las líneas mexicanas que a su vez cayeron sobre los franceses, quienes no pudiendo resistirlas fueron completamente derrotados, no quedando con vida, sino los que se refugiaron en los bosques".(37)

     El Virrey don Juan de Acuña de Casa Fuerte, quien llegó a gobernar en 1722, estableció la primera fudición de artillería en Orizaba. Durante su mandato ocurrió que un corsario de Trinidad, frente a las costas yucatecas apresó entre el Cabo Catoche y la isla de Cozumel una balandra y una fragata inglesas destinadas al tráfico de palo de tinte. Entusiasmados con el éxito fueron armadas en Campeche varias piraguas que al mando de Esteban de la Barca y con 24 hombres sorprendieron en el río Belice una fragata de 24 cañones con cuarenta y cuatro tripulantes ingleses. Durante dicha administración, una remesa de cañones hechos en filipinas llegó al fuerte de San Juan de Ulúa por la vía de Tehuantepec; se etableció un astillero en Coatzacoalcos y se creó un cuerpo de Infantería de Marina para la Armada de Barlovento.(38)

Virrey Don Juan de Acuña

     Finalmente la Armada de Barlovento fue desmembrada por la real orden de Fernando VI comunicada por el Marqués de Ensenada, ministro de la corte de Guerra y Marina, y al respecto Bibiano Torres cita: "Hasta el final, la historia de la Armada de Barlovento está llena de sorpresas y de hechos anómalos: La noticia de la real orden de su extinción sólo le llegó al Virrey a fines de septiembre de 1748, a través de una carta que Reggio(39) le envió en una goleta particular que despachó a Veracruz, con una copia de la orden en la que a él se le daba cuenta de la desaparición de la Armada(40), sin que a fines de ese año aun le hubiese llegado la dirigida a él para que pusiese en efecto la disposición(41). La Causa había sido que el navío que la conducía fue apresado por los ingleses en la Canal Vieja(42) y el teniente que lo comandaba, José De las Casas, la arrojó al agua junto con los demás pliegos que llevaba para el Virrey(43). Por esta circunstancia, hasta la liquidación de la Armada está marcada por ese sello que siempre la distinguió: el atraso en sus acciones. En febrero de 1749 no se había dado ningún paso oficial para el traslado de lo que quedaba de ella a La Habana. Estos comienzan en el mes de abril cuando el Virrey recibe ya la añeja orden, aunque algunas disposiciones provisionales fueron cumpliéndose desde que había tenido noticia de la suerte que le se le había dado a la Armada"…."Terminados todos estos preparativos Perea embarcó en los navíos "El Fuerte" y "La Galga" con las últimas reliquias de la Armada de Barlovento para La Habana(44). Su dilatada y complicada existencia había tocado fondo".

     El último cuarto del siglo XVII, se destacó por nuevas expediciones y descubrimientos, emprendidas desde la Nueva España hacia el NW del continente, la costa del pacífico cobró nueva vida al saberse, por medio del embajador de España en Moscú que los rusos hacían exploraciones por aquellas tierras, por lo que las órdenes de Su Majestad(45) se dieron para que se mandase hacer un reconocimiento de toda la costa norte de las Californias y, en caso de encontrar establecimientos rusos, arrojar a éstos aún por la fuerza.

     Juan Pérez Mallorquín y su piloto Estaban José Martínez salieron del puerto de San Blas de Nayarit, el 24 de enero de 1774 para reconocer la costa desde el puerto de San Carlos de Monterrey hasta los sesenta grados de latitud. El 9 de agosto fondearon los primeros de todos los navegantes europeos en la rada de Nutka, a la que dieron el nombre de San Lorenzo. La corbeta "Santiago", después de una campaña de 8 meses, regresó a Monterrey el 27 de agosto de 1774. Al año siguiente salió de San Blas la segunda expedición a las órdenes de Bruno de Haceta, Juan de Ayala y Juan de la Bodega y Cuadra. Cuadra descubrió la desembocadura del río Columbia que bautizó como entrada de Haceta; el pico de San Jacinto (Mount Edgecumb) y el Puerto de Bucareli en la isla del Príncipe de Gales.(46)

     En 1776 la corte de Madrid ordenó una nueva expedición hasta los setenta grados de latitud, para lo cual se construyeron en Guayaquil las corbetas "Princesa" y "Favorita" que se hicieron a la vela en San Blas el 11 de febrero de 1779 al mando de Juan de la Bodega y Cuadra e Ignacio Arteaga. Reconocieron el Puerto de Bucareli, la isla de la Magdalena y la isla de Regla en latitud de sesenta grados(47). Por otro lado, en Orizaba se construyeron los primeros cañones barrenados y torneados en sólido en calibre de a cuatro por el fundidor Diego de Panes.(48)

     En octubre de 1789 llegó a la Nueva España el Virrey don Juan V. Güemes y Pacheco, Segundo Conde de Revillagigedo quien hizo forrar con cobre los cascos de los guardacostas. En 1790 mandó una nueva expedición hacia el norte con una flotilla compuesta por la Fragata "Concepción", el paquebote "San Carlos" y la balandra "Princesa Real", con la misión de establecerse en Nutka (En los mapas actuales Nootka al oeste de la isla de Vancouver). El Comandante de la expedición Francisco Eliza construyó algunas edificaciones y envió s sus oficiales Salvador Fidalgo y Manuel Quimper a explorar la costa, tomar posesión de ella y levantar planos. Fidalgo reunió importantes datos sobre la declinación magnética.(49)

Virrey Don Juan V. Guemes

     Para dar fin al reconocimiento del litoral de lo que hoy es el norte de Canadá y el sur de Alaska, salió otra expedición de Acapulco con las goletas "Sutil" y "Mexicana" al mando de Dionisio Galiano y Cayetano Valdés, experimentados astrónomos quienes en su viaje se encontraron con los navegantes Vancouver y Broughton que llevaban a cabo las mismas investigaciones científicas, por lo que ambas expediciones se unieron y colaboraron estrechamente en sus trabajos.

     Mientras tanto Revillagigedo envió al Teniente de Navío Jacinto Caamaño, comandante de la fragata "Aranzazu" para explorar detalladamente la costa al norte de los 51 grados. Caamaño se hizo a la mar en San Blas el 20 de marzo de 1792 y durante seis meses recorrió la parte septentrional de la isla de la Reina Carlota, el sur de la isla del Príncipe de Gales, las islas de Revillagigedo (En Alaska), las islas de la Calamidad y de Aristazábal y la entrada de Mociño (hoy aparece en los mapas como Caamaño Sound)(50). En el México novohispano, sus gobernantes y exploradores encontramos las razones históricas por las que en la toponimia de Canadá, Alaska y los Estados Unidos encontramos tantos nombres castellanos.

     El siglo XIX comenzó con el gobierno de don Félix Berenguer de Marquina, Teniente General de la Real Armada, quien en su viaje a Veracruz fue hecho prisionero por los ingleses cerca de Cabo Catoche y conducido preso a Jamaica de donde se la permitió pasar a México en la goleta "Kingston". Los ingleses no dejaban de bloquear Veracruz, de hecho su presencia se había generalizado a lo largo de las posesiones españolas en Europa y América. España entró en la órbita de Francia desde la firma de la Paz de Basilea tras dos años de guerra, lo que implicó, después de la firma del Tratado de San Ildefonso (1796), la ruptura con Gran Bretaña(51). En la lucha planteada en el mar en los años siguientes, a España le fue imposible mantener un poder naval suficiente para controlar las acciones hostiles de Inglaterra, su alianza con Francia trajo la guerra, y ésta el desastre de Trafalgar (1805), que marcó el ocaso del poder naval español.

     Si en el mar las unidades navales inglesas transitaban libremente por las aguas mexicanas y se aprovisionaban de lo necesario en nuestros puertos, se debía a que ya no había marina de guerra, los esfuerzos de los últimos virreyes por ser escuchados en la corte española fueron inútiles, en realidad no tenía con qué satisfacer sus demandas.

     Entre tanto a partir de 1808, con la abdicación del Fernando VII a favor de Napoleón, el consecuente estallamiento de la guerra de independencia en España y la decisión del Virrey Venegas de desobedecer las órdenes recibidas de Madrid, que provocó su detención y destitución después de la revuelta de los comerciantes españoles en la ciudad de México, por haberse hecho sospechoso de impulsar la independencia, se comenzaron a sentir en la nación mexicana los primeros vientos emancipadores.

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1 Thompson, J. Eric S.- Grandeza y Decadencia de los Mayas.- Págs. 260-263.- Ed. F. C. E..- 1985.- México
2 Díaz del Castillo, Bernal.- Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España.- Pág. 5.- Ed. Porrúa S. A.- 1962.- México
3 Del nahuatl chinamitl, seto o cerca de cañas. Terreno de corta extensión en las lagunas vecinas a la ciudad de México, donde se cultivan flores y verduras. Antiguamente estos huertos eran flotantes
4 De Madariaga, Salvador.- Hernán Cortés.- Pág. 263.- Ed. Sudamericana.- 11ª edición.- 1992.- Buenos Aires
5 Martínez José Luis.- Hernán Cortés.- Pág.. 289.- Universidad Nacional Autónoma de México y Fondo de Cultura Económica.- 1992 México. Este pasaje de la historia de la conquista de la Nueva España relativo al Sitio y Caída de Tenochtitlan está fundamentado en los escritos del Cronista Real, Antonio de Herrera y Tordesillas, de Bernal Díaz del Castillo, de Guillermo Porras Muñoz y de Francisco Cervantes de Zalazar y el indígena tlaxcalteca Diego Muñoz Camargo
6 Ibíd.- Pág. 290
7 Ibíd.- Pág. 291
8 Ibíd.- Págs. 293 y 294
9 Ibíd.- Pág. 293.- Ref.- Orozco y Berra (Historia Antigua. Conquista, libro III, Cap. ii) Recoge de Prescott (Historia de la Conquista de México, Trad. de José Ma. González de la Vega, lib. VI, cap. i, n. 24) el siguiente pasaje: “Dos ejemplos memorables… de transportes de buques por tierra: uno en la historia antigua el otro en la moderna y ¡cosa rara! En el mismo lugar, Tarento en Italia. El primero ocurrió en el sitio que puso Aníbal a aquella ciudad (Polibio, lib. 8º); el segundo acaeció diez y siete siglos después en tiempos del gran capitán Gonzalo de Córdoba; pero la distancia de donde se los trajo era corta. Otro ejemplo más análogo es el de Balboa, audaz descubridor del Pacífico. Dispuso que se llevaran cuatro bergantines a la distancia de veintidós leguas, atravesando el istmo de Darién, trabajo estupendo y no del todo inútil, pues solo dos buques llegaron a su destino. (Herrera, Historia General, déc. IIª, lib II, cap. xi) Aconteció esto en el año de 1516, poco tiempo antes de lo de Cortés, y el que tal vez sugeriría a su genio emprendedor, la primera idea de su más feliz y más grandiosa empresa
10 Ibid.- Pág. 322.- Ref.- Cristóbal del Castillo, Fragmentos de la obra general sobre historia de los mexicanos, escrita en náhuatl a fines del siglo XVI. Los tradujo al castellano Francisco Del Paso y Troncoso, Florencia, Tipografía de Salvador Landi, 1908, cap 39, 2ª parte, p. 104
11 Ibid.- Págs. 328 y 329
12 Cárdenas de la Peña, Enrique.- Urdaneta y el Tornaviaje.- Pág. 35.- Secretaría de Marina.- 1965.- México.- Ref.: Francisco de Icaza, en el Diccionario autobiogréfico de conquistadores y de la Nueva España, señala que el segundo apellido aparece en otra forma, puesto que es hijo de Doña Gutierra (?) de Ceraynveznios de Villafranca. Nota en de Arreche José.- Urdaneta, el dominador de los espacios del Océano Pacífico
13 Trueba, Alfonso.- La Conquista de Filipinas.- Pág. 46.- Ed. Jus.- 1959.- México.- Tomado del texto de Urdaneta y el Tornaviaje de Enrique Cárdenas de la Peña, ya citado
14 Cuevas, Mariano.- Monje y Marino.- Págs. 188-189.- Ibid
15 Trueba, Alfonso.- La Conquista de las Filipinas.- Pág. 47.- Ibid
16 Cárdenas de la Peña, Enrique.- Ibid.- Págs. 90 y 91.- Con las notas de Fray Gaspar de San Agustín en la obra Conquistas de las Filipinas.- P. 63 y la de Mariano Cuevas ya citada.- P. 202.- José Sanz y Días en su obra, López de Legaspi, Primer Adelantado y Conquistador de las Filipinas.- Ps. 63 y 64
17 Ibíd. Pág. 92
18 Ibíd.- Síntesis de la ruta de ida tomada de las Págs. 92 a la 104
19 Ibíd.- Págs. 113 y 115
20 Ibíd.- Pág. 115.- Cita de Jesús García Tolsá.- Navegantes y Exploradores.- P. 261.- Ed. Mateu.- Barcelona.- 1958
21 Ibíd.- Págs. 120 y 121.- Cita de Alfonso Trueba.- La Conquista de las Filipinas.- P. 57.- Ed Jus.- México.- 1959
22 Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta.- 2003
23 Ibíd.- Págs. 34-35
24 Torres Ramirez, Bibiano.- La Armada de Barlovento.- Pág. 1.- Escuela de Estudios Hispanoamericanos.- Sevilla.- 1981.- Cita la carta de don Sebastián de Arencibia a S. M., Sevilla, 18 de octubre de 1595.- Archivo General de Indias, Indiferente General, 2661
25 Ibíd.- Pág. 2.- Cita Consulta del Consejo de Indias, 27 de octubre de 1595.- A. G. I.- Indiferente General.- 743
26 Ibíd.- Pág. 2.- Cita Real Cédula a los oficiales de la Casa de Contratación. El Pardo, 14 de agosto de 1575. A. G. I., Indiferente General 1956
27 Ibíd.- Pág. 42
28 Ibíd.- Pág. 43
29 Ibíd.- Pág. 44
30 Sariego del Castillo, J. L., Historia de la Marina Española en la América Septentrional y Pacífico. - Págs. 60-61 – Ed. José L. Sariego del Castillo.- Sevilla 1975.
31 Ibíd.- Pág. 61
32 Brito García, Luis.- Periódico El Nacional.- Caracas, 4 de abril de 1991, Venezuela
33 Ibíd..- Pág. 62
34 Ibíd..- Pág. 64
35 Torres Ramírez, Bibiano.- Ops. Cit.- Pág. 145.- Cita las cartas del General de la Armada de Barlovento a S. M. del 16 de junio de 1690.- A. G. I. Indiferente General, 2,550 y la instrucción dada por el Virrey al General de la Armada de México del 20 de junio de 1690.- A. G. I. Indiferente General 2,550
36 Ibíd..- Pág. 146.- Cita una carta del Presidente de la audiencia a S. M. Santo Domingo, 15 de febrero de 1691.- A. G. I.. México, 471
37 Sariego del Castillo, J. L., Ops. Cit.- Pág. 65. Al respecto de este hecho, existen discrepancias de datos entre tres obras consultadas, que fueron, además de las ya citadas, "México a Través de los Siglos".- Tomo II, escrito por el Gral. Alfredo Chavero.- Págs 651 y 652.- No se menciona quien llevaba el mando de dicha expedición, aunque por la lista de almirantes que ofrece Torres Ramírez en el apéndice de su obra, se presume que era el Almirante Antonio de Astina. Igualmente mencionan Chavero y Sariego que las tropas eran en su mayor parte mexicanos de la infantería de la Armada que se distinguieron por haber logrado revertir una inminente derrota en una decisiva victoria
38 Ibíd.- Págs. 75-76
39 Teniente General Andrés Regio, Comandante de la escuadra en La Habana, mencionado por Torres Ramírez en la obra citada
40 Torres Ramírez, Bibiano.- Ops. Cit.- Pág. 215.- Cita Reggio a Ensenada. La Habana, 30 de agosto de 1748. Archivo General de Simancas., Marina,124
41 Ibíd..-Pág. 215.- Cita Güemes a Ensenada. México, 15 de diciembre de 1748. A. G. I., México 1,506
42 Posiblemente se refiere al Canal Viejo de Bahama, al norte de la Isla de Cuba
43 Ibíd..- Pág. 216.- Cita Perea a Ensenada. Veracruz,27 de febrero de 1749. A. G. S., Marina, 124
44 Ibíd..- Pág. 216.- Cita Perea a Ensenada. La Habana, 12 de agosto de 1749. A. G. S., Marina, 124
45 Sariego del Castillo, J. L., Ops. Cit..- Pág. 92.- Menciona órdenes fechadas el 11 de abril y 23 de septiembre de 1773, giradas al Virrey don Antonio María de Bucareli y Ursúa
46 Ibíd..- Págs. 92-93
47 Ibíd..- Pág. 93
48 Ibíd..- Pág. 91
49 Ibíd..- Pág. 98
50 Ibíd..- Pág. 99
51 Enciclopedia Microsoft Encarta.- Carlos IV.- 2003

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