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ÍNDICE
1. ANTECEDENTES
a.
Los Olmecas
b. Los
Mayas
c. Los
Aztecas
d. El
Encuentro de Dos Mundos
2. LA
NUEVA ESPAÑA
a. Exploración
del Océano Pacífico y el Tornaviaje
b. La
Armada de Barlovento y Otros Sucesos
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El
comercio es históricamente el generador de la navegación
y causa primigenia de la marina de guerra, desde que hubo la necesidad
de proteger de los piratas depredadores los bienes que se transportaban
porque su valor económico significaba una forma de riqueza
de sus propietarios, ya fuesen privados o públicos. Este
fenómeno fue mucho más acusado en la cultura de
los pueblos que circundaban el Mar Mediterráneo o por lo
menos es el más estudiado y conocido. Más tarde
el buque fue empleado como un instrumento de los ejércitos
para llevar la guerra a lugares alejados del propio territorio
pero vinculado básicamente a la táctica terrestre.
Así, la primera batalla naval de la que se tiene noticia
fidedigna es la que se llevó al cabo frente a la Isla de
Salamina entre griegos y persas durante las guerras Médicas
en el año 480 A. de C.
La
Armada de México tiene sus raíces tanto en la actividad
marítima que los pueblos aborígenes pudieran haber
llevado al cabo, como en la cultura heredada de España
en la que concurren y se sincretizan las prácticas y conocimientos
marítimos de los egipcios, fenicios, griegos, romanos,
cartagineses, árabes y judíos surgidos del Mar Mediterráneo
y las de los navegantes cuyas expediciones recorrieron las costas
de África hasta doblar el Cabo de Buena Esperanza para
llegar a la India y a Asia; conocimientos y experiencias con los
que finalmente atravesaron el Océano Atlántico para
llegar a las costas de este continente.
Antes
de 1521, el territorio mexicano se encontraba ocupado por naciones
política y culturalmente diferentes, unas, las más
poderosas, se hallaban asentadas en el altiplano, lejos del mar
y separadas del litoral por las dos grandes barreras naturales
formadas por la Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre Occidental.
Los pueblos ribereños, menos desarrollados y algunos de
ellos tributarios de aquellos, pudieron haber practicado la navegación
marítima y fluvial con propósitos de pesca y comerciales,
pero no se dispone de ninguna referencia que mencione el empleo
militar de embarcaciones, aunque nos viene a la mente, a causa
de la búsqueda de algún argumento que nos revele
cuando menos un hecho que discrepe de esta realidad, que algunos
pueblos ribereños las podrían haber utilizado para
transportar soldados hacia algún área de combate
o pensamos igualmente en los aztecas que, por ser una cultura
que fincaba su poder en su ejército para sojuzgar a sus
vecinos, las usaron de igual forma en el lago de Texcoco para
salir a combatir desde la Gran Tenochtitlan. |
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LOS OLMECAS
La
más antigua civilización de Mesoamérica fue
la Olmeca, cuya existencia se remonta a 1,500 años A. de
C. y desaparecida hacia 900 A. de C., de la cual existen escasos
vestigios arqueológicos y poca información relativa
a sus costumbres y actividades, pero como era una cultura establecida
en la costa y una zona densamente fluvial y pantanosa conformada
en los límites de lo que hoy son los estados de Veracruz
y Tabasco, nos hace suponer que practicaron alguna forma de navegación
en canoas. Los eminentes arqueólogos mexicanos Ramón
Piña Chan y José Luis Covarrubias en su obra titulada
"El Puieblo del Jaguar, los Olmecas Antiguos", afirman
que las representaciones de canoas ahuecadas en La Venta indican
que bogaban del río Tonalá hacia el mar.
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LOS MAYAS
J.
Eric S. Thompson llamó a los mayas "Los Fenicios del
Nuevo Mundo"(1).
El desarrollo de sus conocimientos científicos en los campos
de la matemática, la astronomía, la medicina, la
arquitectura y la ingeniería, así como su habilidades
artísticas han asombrado a propios y extraños y
son objeto de profundos estudios en casi todos los rubros de la
ciencia moderna, que todavía encuentra en sus vestigios,
respuestas fundamentales a sus cuestionamientos para comprender
fenómenos aun no explicados. Se destacan las investigaciones
de científicos alemanes, rusos y norteamericanos.
Los
mayas fueron, entre otras cosas, artesanos navales y navegantes,
cuyas embarcaciones encontraron los españoles desde sus
primeras incursiones en este continente. Bernal Díaz del
Castillo refiere estando frente a un paraje que los indios llamaban
Catoche, en el extremo noreste de la península de Yucatán"….
y una mañana, que fueron 4 de marzo, vimos venir diez canoas
muy grandes, que se dicen piraguas, llenas de indios naturales
de aquella población, y venían a remo y vela. Son
canoas hechas a manera de artesas y son grandes y de maderos gruesos
y cavados de arte que están huecos; y todas son de un madero,
y muchas de ellas en que caben cuarenta indios"(2)
Colón
en su cuarto viaje, encontró cerca de las Islas de la Bahía
frente a la costa de Honduras una canoa de esas y la describió
como del largo de una galera y unos cinco codos de ancho (2.5
mts. aproximadamente). Se sabe que las rutas marítimas
de los mayas abarcaban desde la costa de la región de la
Huasteca hasta Centroamérica y algunas islas del Caribe,
transportaban objetos de arte de cobre, de plumas de quetzal y
colibrí; textiles, cacao, sal y otras mercancías
de las diversas regiones que visitaban. |
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LOS AZTECAS
Un
caso aparte y muy sui géneris para la historia naval
es el de los aztecas a quienes podemos calificar de ser una
cultura acuática de asentamiento lacustre por haberse
desarrollado en medio del lago de Texcoco sobre chinampas(3)
unidas entre si para formar bloques comunicados por canales.
Lograron tal armonía en la estética urbana que
los españoles quedaron maravillados del esplendor de
Tenochtitlan. Nuevamente Bernal Díaz del Castillo nos
recrea el momento de su llegada a Ixtapalapa el 8 de noviembre
de 1519, dándonos sus impresiones "….. y desque
vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua y en tierra
firme otras grandes poblazones, y aquella calzada tan derecha
y por nivel como iba a Méjico, nos quedamos admirados
y decíamos que parescía a las cosas de encantamiento
que cuentan en el libro de Amadís, por las grandes torres
y cúes y edificios que tenían dentro del agua,
y todos de calicanto, y aun algunos de nuestros soldados decían
que si aquello que veían si era entre sueños,
y no es de maravillar, que yo lo escriba aquí desta manera,
porque hay mucho que ponderar en ello y no sé cómo
lo cuente, ver cosas nunca oídas ni vistas ni aun soñadas
como vimos…."(4)
Ni
españoles, ni indígenas pudieron percibir en ese
momento que menos de dos años más tarde serían
protagonistas de dos de las paradojas más extraordinarias
que adornan la historia de este país, pues en esta región
del altiplano a 2,300 metros sobre el nivel del mar se inició
la historia de la construcción naval en el continente
americano con los trece bergantines que Cortés mandó
construir en Tlaxcala para poner sitio a Tenochtitlan y luego
la batalla naval en el lago de Texcoco entre dichos bergantines
y las canoas de los aztecas que culminó con la victoria
de los españoles el 13 de agosto de 1521.
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EL
ENCUENTRO DE DOS MUNDOS
José
Luis Martínez en su obra biogáfica sobre Hernán
Cortés escribe: La experiencia de la derrota del 30 de
junio de 1520, en que tantos de sus soldados y caballos perecieron
en los cortes de las calzadas, enseñó a Cortés
que sólo podía atacar con éxito la ciudad
lacustre con movilidad combinada por agua y por tierra. Para
ello decidió fabricar en Tlaxcala doce bergantines que
luego serían trece, cuya construcción debió
iniciarse hacia octubre de 1520 y se concluyó hacia febrero
o marzo del año siguiente. Parece insensatez la de fabricar,
tan tierra adentro, las partes de los navíos que luego
habrán de transportar, en casi una centena de kilómetros
y en terreno montañoso, hasta Texcoco a orillas entonces
del lago. Sin embargo, Tlaxcala era el único apoyo principal
con que contaban en aquellos días los españoles,
y gracias a la habilidad de carpinteros y herreros y a la capacidad
sin límites de la ayuda indígena, el proyecto
descabellado se hizo realidad.(5)

En
principio Cortés envió al burgalés Santa
Cruz a traer de Veracruz a Tlaxcala, de los barcos desmantelados,
anclas, clavazón, estopas, velas, cables y jarcias, así
como calderos para hacer la brea; y en unos pinares cercanos
a Tlaxcala en Huejotzingo, los marineros prepararon la resina
llamada pez, necesaria para las juntas y el calafateo de las
naves. Martín López, “carpintero de ribera”
esto es de obras navales, que ya había construido los
primeros cuatro bergantines, quemados por los indígenas
en la sublevación de la noche triste, recibió
de Cortés, hacia octubre de 1520, el encargo de organizar
la construcción de los nuevos bergantines. López
vino a Tlaxcala con sus herramientas y tres criados y comenzó
por ir a buscar a montes cercanos el maderamen de roble, encino
y pino necesario…...(6)
Cuando
estuvieron terminados los bergantines fueron probados en el
río Zahuapan que se represó para ese propósito.
Una vez probados se volvieron a desbaratar y se organizó
su transporte de Tlaxcala a Texcoco, donde se armaron de artillería….
El Transporte a Texcoco de un volumen tan considerable de piezas
de madera y de los demás aparejos de los bergantines,
que además de cruzar montañas, tenía que
pasar por tierras enemigas, fue tarea compleja. Cortés
dispuso que fuera a auxiliarla Gonzalo de Sandoval, quien llevó
doscientos soldados, veinte escopeteros y ballesteros y quince
de a caballo, mas buena copia de tlaxcaltecas.(7)
En Texcoco
debió construirse una especie de dique seco para armar
los bergantines. Al mismo tiempo comenzó a cavarse una
zanja que comunicaba el dique con el lago….A base de las
escasas informaciones disponibles y como una “reconstrucción
conjetural”, C. Harvey Gardiner, en su obra Naval Power
in the Conquest of Mexico, propone las siguientes medidas y
características de estos bergantines, que hoy llamaríamos
lanchones. Eslora 11.76 mts. y 13.44 mts. Para la nave capitana.
Tomando en cuenta que el canal de Texcoco tenía una anchura
aproximada de 3.92 mts. –“dos estados” dice
Cortés – la manga máxima de los bergantines
pudo ser de 2.24 a 2.52 mts., su calado entre 56 y 70 cms. Y
su altura libre de 1.12 mts. Los pequeños navíos
llevaban seis remeros a cada lado y tenían uno o dos
mástiles con velas que parecen recogidas en las ilustraciones
del Códice Florentino. La propulsión principal
se hacía con remos cortos como los que siguen empleándose
en las trajineras de Xochimilco. Cada bergantín podía
transportar hasta veinticinco hombres: Capitán, timonel,
remeros y soldados, aunque los bogadores debieron llevar también
armas para los combates en tierra.(8)
El 28
de abril de 1521 los bergantines o fustas estaban listos, enfilados
en la zanja y dispuestos para pasar al lago y entrar en acción.
Pronto se comprobaría su eficiencia guerrera. El plan
y la técnica habían sido españoles; la
mano de obra, el transporte y la vía de agua eran de
manos indias. En aquella larguísima procesión
que transportó a los bergantines de Tlaxcala a Tezcoco,
los soldados españoles la dirigían y vigilaban
pero iba contra sus principios participar en el trabajo rudo
de la carga; para ello estaban los millares de indios siempre
disponibles.(9)
En este
relato destacan, además de la determinación, el
liderazgo y la capacidad creativa de Hernán Cortés
para alcanzar su objetivo pese a cualquier contrariedad, los
inicios en América de la construcción naval con
un propósito eminentemente militar pero además,
de tipo modular, cuya tecnología sería desarrollada
en los astilleros del siglo XX.
Diversos
autores y cronistas de la conquista consignan diferentes fechas
para el inicio del sitio pero todos coinciden en que éste
comenzó en el mes de mayo de 1521 y se prolongó
por 75 días según Cortés, pues para él
se inició el 30 de mayo, para Bernal Díaz del
Castillo duró 93 días. En los preparativos para
la gran guerra lacustre, Ixtlixochitl, rey de Texcoco impuesto
por Cortés, ordenó agrupar todas las canoas disponibles
y que parte de ellas acompañaran a los bergantines, otras
se dedicaran al transporte de bastimentos y demás cosas
necesarias para el ejército. Ya que la flota estuvo lista,
zarparon de la ciudad de Texcoco para ir sobre Tenochtitlan.
Si analizamos la composición orgánica de esta
peculiar Armada, podíamos clasificarla como una coalición
Hispano – Texcoco - Tlaxcalteca y estaba compuesta por
los trece bergantines los cuales estaban bien armados, cada
uno con un cañón, ballesteros y arcabuceros y
una cantidad no precisada, pero se mencionan varios miles, de
canoas indígenas tripuladas con guerreros de las naciones
coaligadas. Las operaciones en el lago de Texcoco asumieron
el carácter de una verdadera batalla naval. Los aztecas
enfrentaron a la flota coaligada con varios cientos de canoas
y el primer encuentro tuvo lugar en el asalto a Iztapalapa en
el paraje llamado Peñón Grande, el cual, según
los relatos de la época fue sumamente encarnizado. Naturalmente
que la diferencia en los armamentos de los combatientes, y el
número de adversarios, decidió la victoria a favor
de los Aliados, que materialmente arrollaban a las canoas, habiendo
echado a pique más de quinientas(10),
sin embargo los aztecas lograron varar dos bergantines restando
así fuerza a los sitiadores. Esta primera victoria no
fue ni con mucho la terminación de la guerra; esta lucha
se prolongó diariamente hasta el 13 de agosto en que
se derrumbó el Imperio Mexicano con la captura del Emperador
Cuauhtémoc.
Cuando
ya no quedaba en tierra reducto para los indios, los bergantines
persiguieron por el lago a las canoas. García Olguín,
capitán de un bergantín, logró apresar
la embarcación en la que iban Cuauhtemótzin, Conacochtzin,
Tetlepanquetzaltzin, señores de México, Tezcoco
y Tlacopan, y otros señores. Los tres señores
vestían mantas de maguey, muy sucias sin ninguna otra
insignia. Junto con su jefe Sandoval, García Olguín,
los llevó ante Cortés, que se encontraba en una
azotea en el barrio de Amexcac. El breve diálogo que
consigna el conquistador es como un medallón de noble
patetismo: “el cual [Cuahutémoc], como le hice
sentar, no mostrándole riguridad ninguna, llegase a mi
y díjome en su lengua que el había hecho todo
lo que de su parte era obligado para defenderse a sí
y a los suyos hasta venir en aquel estado, que ahora hiciese
lo que yo quisiese; y puso la mano en un puñal que yo
tenía, diciéndome que le diese de puñaladas
y lo matase”.(11)
El hecho
de la derrota de los aztecas y la victoria de la coalición
hispano indígena, vista desde la perspectiva del juicio
de la historia, no hace ninguna mella en los personajes protagonistas
de esta encarnizada lucha en la que cada quien cumplió
con el deber que el destino le asignó; por lo contrario,
en cada bando, el heroísmo, la dignidad, el valor y la
determinación de triunfo fueron las virtudes que adornaron
a ambos adversarios. Lo más importante de sus consecuencias
es que, de esa gesta surgió el Estado mexicano, si bien
en principio sometido, luego fue tan soberano como cualquier
nación del orbe, integrado en un territorio mayor que
cualquier reino europeo y hoy reconocido en el escenario internacional
por su pueblo mestizo, por la feracidad de la naturaleza de
su tierra y sus mares, por sus leyes e instituciones.
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Trescientos
años y 62 Virreyes corresponden al tiempo de la Nueva España.
Durante este período encontramos contrastes claros y obscuros,
entre una historia rica en experiencia náutica, tanto por
las expediciones que desde esta tierra se organizaron para explorar
la costa occidental del continente y la vastedad del Océano
Pacífico, como por el desarrollo de las ciencias náuticas,
la construcción naval y el comercio marítimo, con
una historia pobre en el desarrollo militar de la marina a pesar
de las amenazas que se cernían sobre las costas de las
posesiones españolas en América. Como ocurre en
todo proceso colonizador o de dominio extranacional, la Nueva
España no tuvo una marina de guerra propia para proteger
sus costas del asedio de corsarios y piratas que constantemente
atacaban a las naves españolas que conducían a la
metrópoli los productos obtenidos en sus dominios americanos
y a los inermes puertos donde estos se embarcaban, sin embargo
algunos hombres de origen novohispano y de otras colonias obtuvieron
experiencia náutica y militar útiles para formar
la incipiente marina de guerra del México independiente.
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EXPLORACIÓN
DEL OCÉANO PACÍFICO Y EL TORNAVIAJE
En
la Ciudad de México se organizó una de las expediciones
más importantes en los anales de la navegación
del siglo XVI, porque además de conquistar y colonizar
las Islas Filipinas, contribuyó a encontrar la ruta de
regreso del Oriente al Continente Americano. En el año
de 1559, Felipe II había ordenado al Virrey Dn. Luis
de Velasco, que preparara una expedición que debía
conquistar y poblar las Islas Filipinas, que habían sido
descubiertas por la expedición de Magallanes en 1521,
nombrándose Jefe de la misma a Fray Andrés de
Urdaneta y Zerain(12),
religioso agustino de gran reputación de hombre de mar
y profundo conocedor de las ciencias náuticas. Por su
condición de religioso, Urdaneta declinó tomar
el mando de la expedición pero ofreció su participación
y formuló un proyecto de navegación que envió
al monarca; finalmente el mando de la operación fue confiado
al Adelantado y General Miguel López de Legazpi.
Los preparativos de la expedición duraron un lustro.
El proyecto es minucioso y Urdaneta lo envía al Rey junto
con el derrotero de la navegación que se propone seguir.
“Por principio de cuentas, indica las razones para que
la escuadra parta de Acapulco, puerto que propone porque el
de La Navidad es tierra malsana y los oficiales y gentes que
residen en el dicho puerto muchas veces enferman y mueren algunos(13).
“Acapulco [..] parece que tiene buenas partes para que
en él se arme el astillero para hacer navíos é
para que en él se haga la carga y descarga de ellos,
por ser uno de los buenos puertos que hay en lo descubierto
de las Indias, grande y seguro y muy sano y de buenas aguas
y mucha pesquería y mucha madera para la ligazón
de los navíos y pinos para mástiles y antenas”…
“ En el mismo puerto de Acapulco se podrán hacer
toda la artillería y anclas que fuere menester: en esta
tierra hay cobre y en cantidad, de que se ha hecho artillería,
aunque no buena porque revienta presto; pero si se purifica
bien el cobre, se cree que se acertaría a hacer buena
artillería de la cual, si se ha de conseguir la contratación
del poniente y se han de poblar aquellas tierras, ha de haber
en gran cantidad y toda de bronce, porque la de fierro gástase
muy presto”(14)…..
Respecto a la logística de personal añade que
es necesario:… “compeler a muchos mancebos que andan
hechos baga mundos de que deprendan oficios, especialmente a
mestizos é mulatos é negros otros – esclavos
emancipados – a unos a ser carpinteros é á
otros calafates, cordoneros, torneros, herreros, para que hubiese
abundancia de oficiales de todos géneros”(15).
“La Armada se compone de la nao capitana de
500 toneladas llamada “San Pedro” que se destina
a Don Miguel, El “San Pablo” es la nave almiranta
y tiene un tonelaje de 400 toneladas; del galeoncete “San
Juan” de 100 toneladas; De 40 o 50 toneladas es el patache
“San Lucas”(16).
Todos ellos, construidos en astilleros novohispanos zarparon
del Puerto de Barra de Navidad el 21 de noviembre de 1564.(17)
El plan de Urdaneta consistía en navegar hacia la Nueva
Guinea pero en la mar abrió un sobre lacrado en el que
el rey le ordenaba navegar directamente hacia las Filipinas.
En su derrota llegaron a las islas Carolinas Orientales, hoy
conocidas como Islas Marshall donde descubrieron una isla no
mencionada en ninguna carta a la que pusieron por nombre Barbudos,
luego tocaron las Islas Marianas donde tomaron posesión
de la Isla de Guam, posteriormente arribaron a la Isla de Samar
en el archipiélago filipino de donde se dirigieron a
Leyte y luego a Mindanao, recorrieron varias islas del archipiélago
hasta que arribaron a la Isla Cebú en la que después
de algunos ligeros combates terrestres con los naturales, desembarcan
con toda la fuerza el 5 de mayo de de 1565 para iniciar una
corta campaña que culminó con la ocupación
definitiva, echando los cimientos del primer fuerte y fundando
la Villa de San Miguel, misma que fungió como capital
del archipiélago hasta 1571.(18)
Para el 1º de junio de 1565 se dispuso el regreso de la
expedición, ya que Legazpi permaneció en las Filipinas
para iniciar la colonización como primer gobernador nombrado
por la Corona española. Dicho viaje se llevó a
cabo únicamente a bordo del galeón "San Pedro"
el cual se puso al mando del joven pero avezado capitán
de 18 años Felipe Salcedo, nieto de Legazpi, lo que permitió
a Urdaneta llevar con holgura el liderazgo en la navegación.
Urdaneta había preparado ya el itinerario que, según
su experiencia, estaría alejado de las zonas de tormentas,
navegando primeramente hacia el noreste rumbo a las islas situadas
al sur del archipiélago del Japón hasta alcanzar
los 34º de latitud norte para virar al sureste, bajando
a la mitad del océano hasta los 23º N y desde ahí
retomar el rumbo al noreste. La travesía fue larga y
regularmente tranquila pero llena de incertidumbre para la tripulación
que sólo podía confiar en su fe en Dios y el conocimiento
de Fray Andrés… ”El 3 de septiembre algunos
expedicionarios creen hallarse cerca de la costa americana.
No será sino hasta el 18 cuando en efecto la avizoren.
El 26 de septiembre, 118 días después de haber
zarpado, avistan las tierras de California y comienzan a descender
barajando la costa. No dilatan en aparecer la isla de Cedros
y Loreto, los cabos de la Paz y San Lucas, las islas Tres Marías
y el Cabo Corrientes, pero antes de alcanzar el triunfo el mar
cobra su tributo y se desata a bordo “la peste de mar”
ataca a la tripulación y en pocos días mueren
el contramaestre, el piloto mayor y catorce hombres más
frente al puerto de Navidad; de ahí que Urdaneta decide
continuar hasta Acapulco con solo 18 tripulantes sanos o ya
enfermos al que arribaron el 8 de octubre.(19)
“El fraile casi sexagenario, a quien sostienen en pie
su pasión náutica y su fe religiosa, es apenas
el único hombre válido de la tripulación:
gobierna el timón, iza las velas, anima a los débiles;
es patrón, capitán, piloto, marinero y grumete
a la vez, aparte de su condición sacerdotal(20).
Dejando abierta y asegurada la ruta que generó el provechoso
comercio con el Oriente, representado por la celebre Nao de
China.
El patache "San Lucas", pequeña embarcación
de 40 toneladas y 20 tripulantes se extravió poco después
de haber zarpado de Barra de Navidad debido a que un fuerte
temporal lo separó de la flota. Iba al mando el Capitán
Don Alonso de Arellano quien al verse aislado, decidió
continuar el viaje para encontrarse con la flota en la islas
Molucas, tal como lo indicaba el plan original pero, modificado
sin que se haya enterado, (algunas versiones mencionan por desobediencia),
por lo que espero 30 días en aquellos parajes y al no
tener noticias, decidió regresar a la Nueva España
no sin antes buscar a la flota de Legaspi en todas las islas
que iban apareciendo a su paso, al no encontrarla, continuó
barajando la costa de China hasta alcanzar los 43 grados de
latitud y desde ahí se lanzó en pos del continente
Americano llegando a recalar a la punta Sur de la Península
de la Baja California; habían pasado 48 días desde
que se había hecho a la vela en las islas Molucas, días
de vicisitudes y terribles padecimientos. Al rebasar la península
y navegando en dirección del puerto de Navidad fueron
sorprendidos por un temporal que casi hace zozobrar la embarcación
y los tripulantes, en su desesperación, prometieron que
si llegaban a puerto llevarían cargando el palo mayor
hasta la Ciudad de México y lo plantarían en el
Cerro del Tepeyac junto al santuario recién dedicado
a la Virgen de Guadalupe. El 9 de agosto de 1565 alcanzaron
el puerto de Navidad, dos meses antes que el propio Urdaneta,
siendo el primer barco que cruzó el Océano Pacifico
de Oeste a Este. Desde entonces se podía ver un mástil
de barco hincado en la tierra en la parte posterior de la antigua
basílica, en el Cerro del Tepeyac, del que hoy existe
una réplica de cemento, con una información incierta.
“Basta considerar la pequeñez de un buque de 40
toneladas, su reducida dotación de 20 hombres, de capitán
a paje, casi todos mozos sin experiencia ni bríos para
empresas de mar y guerra y en mar inexplorado y en tierras desconocidas,
la falta de provisiones y pertrchos, las enfermedades especialmente
el escorbuto, la poca subordinación de la tripulación
y sobre todo la incertidumbre del viaje a que se aventuraba,
sin que la detuvieran los muchos fracasos de anteriores intentos
en buenas y bien pertrechadas naves, con gente experta y decidida,
para conceder que el viaje del San Lucas es de los más
atrevidos que registra la historia de la navegación”.(21)
Don Mariano Cuevas en su obra "Monje y Marino" refiriéndose
a esta expedición dice: "Por el número de
nativos de nuestro país y por haberse organizado en la
Ciudad de México con personal y elementos de ella y porque
los mismos principales, Legazpi el primero, eran de vieja raigambre
en este país y consideraban como suya esta patria, se
consideró y se llamó desde aquellos mismos tiempos,
mexicana".
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LA
ARMADA DE BARLOVENTO Y OTROS SUCESOS
España,
a pesar de ser el imperio más poderoso del mundo desde
los inicios del siglo XVI fue un imperio constantemente asediado
por los reinos subordinados, ansiosos de obtener su autonomía
desde que Carlos, V de Alemania y I de España, recibió
como herencia los territorios pertenecientes al Sacro Imperio
Romano Germánico de sus abuelos Habsburgo; y los ibéricos,
junto con las posesiones americanas de sus abuelos maternos
del las casas de Castilla y Aragón. Su hijo Felipe II
(1556-1598), siguió el eje trazado por su padre: conservación
de la monarquía hispánica y lucha contra los enemigos
del catolicismo, es decir, los protestantes y los musulmanes.
Conflictos que estuvieron marcados por una serie de hechos de
carácter general, pero con unos referentes concretos
ineludibles: los ataques piratas lanzados sobre las costas hispánicas
desde el norte de África y la sublevación de los
moriscos de Las Alpujarras (1568-1571), cuyo punto álgido
se alcanzó en 1571 con la batalla de Lepanto; la fracasada
acción de la Armada Invencible, en el enfrentamiento
con Inglaterra, en el que se disputaba el dominio del océano
Atlántico; y la rebelión de los Países
Bajos, por cuestiones políticas en la búsqueda
de su independencia, económicas por el dominio del comercio
de la época y religiosas por la adopción del calvinismo
frente al catolicismo.
La
mitad del largo reinado de Felipe IV (1621-1665) estuvo dominada
por la figura del conde-duque de Olivares (1621-1643), cuyo
programa de reformas administrativas, fiscales y militares quedó
bloqueado por la guerra con Francia (1635), que se sumó
a la guerra de los Treinta Años, la reanudación
de la guerra de los Países Bajos y los levantamientos
de Portugal y Cataluña (1640). La Monarquía, absolutista,
intransigente e inadaptada a las circunstancias políticas
del momento, se situó al borde de la desintegración,
hasta que, gracias a la Paz de Westfalia, (1648)(22)
se alcanzó finalmente un equilibrio político en
Europa a costa del debilitamiento de España, cuya declinación
naval se inició con la derrota de la Armada en la Batalla
de las Dunas el 21 de octubre de 1639 frente a la flota independentista
de los Países Bajos.
Este trasfondo
geopolítico marcó su influencia en los acontecimientos
ocurridos en la Nueva España, dependiente de una metrópoli
políticamente y militarmente acosada por sus enemigos,
económicamente agotada por el esfuerzo de guerra que
demandaba abundantes recursos que obtenía de las colonias
y de los armadores que transportaban a España. Por ello
fueron precisamente las líneas de comunicación
marítima los objetivos físicos de las flotas de
sus enemigos y de los piratas.
La Nueva
España tenía en la costa oriental, dos importantes
puertos donde se concentraban las mercancías que se transportaban
a España: Veracruz y Campeche. Además llegaban
a dicho reino, cargamentos procedentes de Cartagena de Indias
en el Virreinato de Nueva Granada (Colombia) y de La Habana
en la Capitanía General de Cuba, Todas ellas frecuentemente
atacadas y saqueadas que requerían de una defensa naval
activa. El primer combate naval registrado en nuestras costas
data del año de 1568 en Veracruz durante la tercera expedición
del corsario John Hawkins quien, buscando carenar sus cinco
maltrechas naves que habían sido sorprendidas por una
tempestad frente al Cabo San Antonio (Cuba), costeó la
costa mexicana hasta Cabo Catoche donde el piloto de un buque
apresado le informo que el mejor lugar para reparar sus naves
era Las Ventas de Buitrón, hoy conocido como San Juan
de Ulúa.
Su arribo
al islote, el 15 de septiembre no despertó ninguna sospecha
porque se esperaba a la escuadra que conducía al nuevo
Virrey Don Martín Enríquez de Almanza, así
que sin disparar un tiro, Hawkins se posesionó del lugar
tomando prisionera a su guarnición. La flota del Virrey
de trece galeones se mantuvo a la expectativa, esperando un
ataque que Hawkins no se atrevió a lanzar dada su posición
comprometida, pero ello dio lugar a una serie de pláticas
en las que Enríquez de Almanza le ofreció darle
lo que necesitara a cambio de que se hiciera a la vela de inmediato,
luego de lo cual la flota del Virrey fondeó en la Bahía
sin problemas.
Era evidente que ninguno de los dos pensaba en cumplir su palabra.
En la noche del 22 de septiembre el Virrey dio la orden de atacar.
Cuando Hawkins, al amanecer, vio tan cerca al enemigo, disparó
contra él con sus armas personales, pero los españoles
respondieron primero, con el fuego de sus arcabuces, luego con
su artillería. De los buques de Hawkins, el "Minion"
se incendió, el "Jesus de Lubeck" fue tomado
por asalto y abandonado por su tripulación. el "Angel"
y el "Swalow" fueron hundidos. Por la tarde, los españoles
recuperaron la isla y armaron un brulote que lanzaron contra
los aterrorizados ingleses que trataban de refugiarse en el
semihundido "Minion". El temible corsario, al disponer
su retirada se percato que le faltaba el "Judith",
el cual se había adelantado a su decisión tomando
rumbo a Inglaterra al mando de un joven oficial llamado Francis
Drake(23)
quien años más tarde sería uno de los más
temidos y crueles capitanes de la reina de Inglaterra y el primer
comandante que completó la circunnavegación al
planeta.
Estas y otras calamidades ocurridas en el Golfo de México
y el Mar Caribe dieron pábulo, hacia 1595, a la idea
de que España debía disponer de una Armada con
presencia permanente en estas áreas para defender los
puertos y los buques de los ataques de los filibusteros. Su
necesidad era patente ante aquella insostenible situación
de amenazas y de constantes ataques(24)
.
Su misión consistiría en ir, cuando fuese necesario,
a Nombre de Dios (Panamá) en compañía de
las galeras de Cartagena (Colombia), y llevar la plata a esa
ciudad para que estuviese allí cuando llegasen los galeones
de España, excusando así la invernada de éstos.
Otras misiones que se le iba a asignar eran las de acudir al
Cabo de San Antón (Cuba) a asegurar la flota de la Nueva
España, y aun ir a la Nueva España si alguna vez
conviniera al servicio.(25)
El tiempo
transcurrió sin resultados concretos. El primer proyecto
hablaba de establecer una doble defensa en la mar. Consistía
en situar dos galeones y una fragata en Canarias, y otros dos
contingentes iguales corriendo uno la costa de Tierra Firme
(Continental), hasta Nombre de Dios, Cartagena, Santa Marta
(Colombia), Cabo de la Vela (Venezuela), Margarita (Isla venezolana),
y Venezuela, hasta Dominica (Antillas Menores ó Islas
de Sotavento); y otro insular que actuase sobre Puerto Rico,
Santo Domingo, Cuba y Jamaica(26).
Como se puede apreciar, desde su origen la idea no contemplaba
la permanencia de la Armada en algún puerto de la Nueva
España. El planteamiento era correcto, Veracruz o Campeche
se encontraba en el fondo del seno, relativamente menos expuestos
al alcance de los bucaneros que procedían del Atlántico.
Durante
45 años el asunto anduvo de mano en mano: entre ideas,
reclamos, exigencias, frustraciones decepciones, presupuestos,
peculados, demandas prioritarias y burocracias, la Armada de
Barlovento emergía y se hundía en un mar de papeles,
cuando se disponía la construcción de un número
determinado de buques, el dinero solo alcanzaba para la mitad
de ellos o menos; Cuando un convoy cargado de mercancías
y los tributos del rey salía para España, le acompañaba
una escuadra que nunca regresaba, hasta que en el año
de 1640 llegó a la Nueva España el Duque de Escalona,
décimo séptimo Virrey quien más realista
que sus antecesores y que los reyes y cortesanos de España…
y "ante el hecho consumado de que gran parte de los impuestos
se habían gastado en otra necesidades, dirigió
sus esfuerzos a aprestar sólo cinco o seis navíos,
con los que la Armada iniciaría su actuación.
Con ese objeto convocó en Veracruz a una junta en la
que tomaron parte el general de la flota, don Roque Centeno;
su almirante Juan de Campos; don Alonso de Contreras, castellano
de San Juan de Ulúa; don Juan Blázquez y don José
de Valdez, tesorero y contador de las cajas reales de Veracruz;
don Diego de Aldana, capitán de mar y guerra de la flota
y otras personas más de la ciudad".(27)
Seis
fueron los primeros galeones que formaron parte de esa tan esperada
armada, que si bien eran mercantes de propiedad privada, el
gobierno virreinal los compró a un precio de 40 ducados
la tonelada. El " Concepción" de 300 Tons.,
el "Ntra. Sra. del Rosario" de 230, el "San Antonio"
de 400; también se decomisaron una urca de 400 construida
en Jamaica, un patache de 150 y una fragata de 400 construida
en Campeche, de cuyos nombres no se consignan registros. El
mayor problema fue armar los navíos, era difícil
encontrar en Veracruz la artillería necesaria, encargándose
la fundición de las piezas a un astillero de La Habana.(28)
Poco
después, unas naves inglesas fueron avistadas en las
inmediaciones de Alvarado donde se estaban construyendo dos
galeones para la Armada y teniéndose noticia de ello
en Veracruz, el Almirante Antonio de la Plaza se dispuso a salir
a su encuentro, por primera vez con la Armada de Barlovento
el 9 de junio de 1641. El encuentro tuvo lugar en las inmediaciones
de la desembocadura del Río de Caña (Poblado situado
en la costa veracruzana de la región de los Tuxtlas,
entre Pta. Zapotitlán y Alvarado), apresando una de aquellas
embarcaciones con 22 prisioneros. Este pequeño encuentro
tuvo gran repercusión en Veracruz pues por primera ocasión
los piratas habían sido interceptados y perseguidos después
de tantos años de padecer sus ataques.(29)
Se había
llegado al acuerdo que los cargamentos para España deberían
salir en enero y en agosto de cada año, cosa que rara
vez se cumplió, y a pesar del entusiasmo del Duque de
Escalona y las buenas intenciones de los defensores de la Armada,
ésta continuó su errática trayectoria,
funcionando con dificultades porque frecuentemente era llamada
para incorporarse a la Armada del Océano. De hecho su
presencia en Veracruz fue esporádica, sólo para
invernar. Sus apostaderos principales eran los de La Habana
y Cartagena.
Durante
el gobierno del Virrey don Payo de Ribera Enríquez en
1673 se ordenó la colonización de las islas de
la Mesa, hoy conocidas como Hawaii. En 1678 se mandaron erigir
las escuelas de artillería en los puertos de Veracruz,
La Habana y Cartagena, debido a la falta de artilleros que había
en las Indias(30).
En tanto que este gobernante destacaba a la Armada de Barlovento
para desalojar a los piratas de la ciudad de Santa Marta, se
desentendía de sus propias costas, pues lejos de haber
combatido a los ingleses apostados en la Laguna de Términos,
éstos atacaron Campeche en julio de 1678 y se apoderaron
del tesoro que había en las cajas reales y la plata de
Panamá ahí depositada.(31)

Con
don Tomás De la Cerda y Manrique de Lara, Conde de Paredes
y Marqués de la Laguna, quien a pesar de estar advertido
por Alejandro Farnesio, gobernador de Flandes, de las graves
amenazas que se cernían sobre la Nueva España,
no se tomaron las medidas oportunas para evitar que la mañana
del 17 de mayo de 1683, un grupo de piratas encabezados por
Francois Grammont, quien una vez fue nombrado por el rey Sol
Teniente del Rey(32),
y Laurent Graff, conocido como Lorencillo, desembarcando por
Punta Gorda en la playa norte y cerca del arroyo de Vergara
y sorprendieron a la ciudad de Veracruz. Fallaron todos los
dispositivos de defensa del puerto, desde el descuido personal
del gobernador de la plaza hasta el de la vigilancia de rondas
de caballería de las playas. En la defensa murieron innumerables
ciudadanos; al aparecer en el horizonte la flota de don Diego
de Saldívar, los piratas se apresuraron a huir, no sin
antes arrasar y saquear todo lo que encontraron a su paso. Ante
tal suceso se renovaron las disposiciones para que la Armada
de Barlovento llevara adelante su enésima reorganización
poniéndola al mando de don Andrés Ochoa y Zárate
a fin de que vigilara las costas del seno y convoyara a las
flotas hasta La Habana.(33)
En 1688
llegó a gobernar D. Gaspar De la Cerda Sandoval Silva
y Mendoza, Conde de Galve, quien se vio comprometido a enviar
a Santo Domingo una expedición para desalojar a los franceses
que la ocupaban, para ello se sirvió de la Armada de
Barlovento que constaba de seis naves de línea y una
fragata en las que fueron transportados 2,600 soldados mexicanos(34).
El Virrey De la Cerda recibió la real orden de acudir
en virtud del estado de guerra existente entre España
y Francia. Esta ocupación francesa dio lugar a una movilización
general en toda la isla, y en ella se estaba cuando la Armada
llegó el 9 de noviembre(35).
Dicha escuadra zarpó de Veracruz el 19 de julio de 1690
escoltando un convoy hacia La Habana para luego dirigirse a
cumplir con la misión ordenada por el Virrey.

La versión
de Bibiano Torres cita: "La junta celebrada acordó
que era el momento propicio de atacar estableciéndose
un doble frente: mientras que un ejército partía
de Santo Domingo el 21 de diciembre, días después
la Armada bordeando la costa se dirigió hacia el puerto
de Manzanilla, situado a 14 leguas del Guarico. Allí
se unieron ambos ejércitos, el de mar y el de tierra,
disponiéndose que los navíos continuasen hasta
el Guarico, donde debían llegar el día antes que
los que avanzaban por tierra. La intención era desembarcar
y ocupar el paso de Puerto Paix, ligar donde los franceses podían
aprovisionarse. Así se hizo, motivándose una dura
batalla en la que murieron 400 franceses y 47 españoles,
terminando con la ocupación de Guarico. Se entró
en Salmorín y se despacharon tropas a las demás
poblaciones de la región que entraron en cinco de ellas:
El Limonar, Trasalmorín, La Pitanza, Elcap Alto y el
Bajo. Todo fue asolado y quemado, aunque no se consiguieron
muchos despojos porque los franceses junto con las mujeres y
los niños habían pasado todas sus haciendas a
Puerto Paix. También se apresaron en el puerto dos navíos
grandes de 28 y 24 cañones, que llegaban de Francia,
una fragata de 16 piezas de las dedicadas al corso, y otras
balandras y vasos menores hasta el número de ocho".(36)
Por
su lado, Sariego del Castillo dice: "El gobernador francés
de Guarico fue de la opinión de presentar una emboscada,
pero el Teniente del Rey De Tranquesnay opinó, de acuerdo
con el consejo de guerra, que fueran esperadas las fuerzas expedicionarias
en la llanura de la Limonada, donde escogió un sitio
ventajoso, y después de haber jugado la artillería
y la fusilería, acometieron los franceses al arma blanca
con tal furor que ya creían derrotados a los mexicanos.
Con toda oportunidad acudieron quinientos lanceros que estaban
en la reserva y que hicieron prodigios de valor, se ordenaron
a merced de ello nuevamente las líneas mexicanas que
a su vez cayeron sobre los franceses, quienes no pudiendo resistirlas
fueron completamente derrotados, no quedando con vida, sino
los que se refugiaron en los bosques".(37)
El Virrey don Juan de Acuña de Casa Fuerte, quien llegó
a gobernar en 1722, estableció la primera fudición
de artillería en Orizaba. Durante su mandato ocurrió
que un corsario de Trinidad, frente a las costas yucatecas apresó
entre el Cabo Catoche y la isla de Cozumel una balandra y una
fragata inglesas destinadas al tráfico de palo de tinte.
Entusiasmados con el éxito fueron armadas en Campeche
varias piraguas que al mando de Esteban de la Barca y con 24
hombres sorprendieron en el río Belice una fragata de
24 cañones con cuarenta y cuatro tripulantes ingleses.
Durante dicha administración, una remesa de cañones
hechos en filipinas llegó al fuerte de San Juan de Ulúa
por la vía de Tehuantepec; se etableció un astillero
en Coatzacoalcos y se creó un cuerpo de Infantería
de Marina para la Armada de Barlovento.(38)

Finalmente
la Armada de Barlovento fue desmembrada por la real orden de
Fernando VI comunicada por el Marqués de Ensenada, ministro
de la corte de Guerra y Marina, y al respecto Bibiano Torres
cita: "Hasta el final, la historia de la Armada de Barlovento
está llena de sorpresas y de hechos anómalos:
La noticia de la real orden de su extinción sólo
le llegó al Virrey a fines de septiembre de 1748, a través
de una carta que Reggio(39)
le envió en una goleta particular que despachó
a Veracruz, con una copia de la orden en la que a él
se le daba cuenta de la desaparición de la Armada(40),
sin que a fines de ese año aun le hubiese llegado la
dirigida a él para que pusiese en efecto la disposición(41).
La Causa había sido que el navío que la conducía
fue apresado por los ingleses en la Canal Vieja(42)
y el teniente que lo comandaba, José De las Casas, la
arrojó al agua junto con los demás pliegos que
llevaba para el Virrey(43).
Por esta circunstancia, hasta la liquidación de la Armada
está marcada por ese sello que siempre la distinguió:
el atraso en sus acciones. En febrero de 1749 no se había
dado ningún paso oficial para el traslado de lo que quedaba
de ella a La Habana. Estos comienzan en el mes de abril cuando
el Virrey recibe ya la añeja orden, aunque algunas disposiciones
provisionales fueron cumpliéndose desde que había
tenido noticia de la suerte que le se le había dado a
la Armada"…."Terminados todos estos preparativos
Perea embarcó en los navíos "El Fuerte"
y "La Galga" con las últimas reliquias de la
Armada de Barlovento para La Habana(44).
Su dilatada y complicada existencia había tocado fondo".
El último
cuarto del siglo XVII, se destacó por nuevas expediciones
y descubrimientos, emprendidas desde la Nueva España
hacia el NW del continente, la costa del pacífico cobró
nueva vida al saberse, por medio del embajador de España
en Moscú que los rusos hacían exploraciones por
aquellas tierras, por lo que las órdenes de Su Majestad(45)
se dieron para que se mandase hacer un reconocimiento de toda
la costa norte de las Californias y, en caso de encontrar establecimientos
rusos, arrojar a éstos aún por la fuerza.
Juan
Pérez Mallorquín y su piloto Estaban José
Martínez salieron del puerto de San Blas de Nayarit,
el 24 de enero de 1774 para reconocer la costa desde el puerto
de San Carlos de Monterrey hasta los sesenta grados de latitud.
El 9 de agosto fondearon los primeros de todos los navegantes
europeos en la rada de Nutka, a la que dieron el nombre de San
Lorenzo. La corbeta "Santiago", después de
una campaña de 8 meses, regresó a Monterrey el
27 de agosto de 1774. Al año siguiente salió de
San Blas la segunda expedición a las órdenes de
Bruno de Haceta, Juan de Ayala y Juan de la Bodega y Cuadra.
Cuadra descubrió la desembocadura del río Columbia
que bautizó como entrada de Haceta; el pico de San Jacinto
(Mount Edgecumb) y el Puerto de Bucareli en la isla del Príncipe
de Gales.(46)
En 1776
la corte de Madrid ordenó una nueva expedición
hasta los setenta grados de latitud, para lo cual se construyeron
en Guayaquil las corbetas "Princesa" y "Favorita"
que se hicieron a la vela en San Blas el 11 de febrero de 1779
al mando de Juan de la Bodega y Cuadra e Ignacio Arteaga. Reconocieron
el Puerto de Bucareli, la isla de la Magdalena y la isla de
Regla en latitud de sesenta grados(47).
Por otro lado, en Orizaba se construyeron los primeros cañones
barrenados y torneados en sólido en calibre de a cuatro
por el fundidor Diego de Panes.(48)
En octubre
de 1789 llegó a la Nueva España el Virrey don
Juan V. Güemes y Pacheco, Segundo Conde de Revillagigedo
quien hizo forrar con cobre los cascos de los guardacostas.
En 1790 mandó una nueva expedición hacia el norte
con una flotilla compuesta por la Fragata "Concepción",
el paquebote "San Carlos" y la balandra "Princesa
Real", con la misión de establecerse en Nutka (En
los mapas actuales Nootka al oeste de la isla de Vancouver).
El Comandante de la expedición Francisco Eliza construyó
algunas edificaciones y envió s sus oficiales Salvador
Fidalgo y Manuel Quimper a explorar la costa, tomar posesión
de ella y levantar planos. Fidalgo reunió importantes
datos sobre la declinación magnética.(49)

Para
dar fin al reconocimiento del litoral de lo que hoy es el norte
de Canadá y el sur de Alaska, salió otra expedición
de Acapulco con las goletas "Sutil" y "Mexicana"
al mando de Dionisio Galiano y Cayetano Valdés, experimentados
astrónomos quienes en su viaje se encontraron con los
navegantes Vancouver y Broughton que llevaban a cabo las mismas
investigaciones científicas, por lo que ambas expediciones
se unieron y colaboraron estrechamente en sus trabajos.
Mientras
tanto Revillagigedo envió al Teniente de Navío
Jacinto Caamaño, comandante de la fragata "Aranzazu"
para explorar detalladamente la costa al norte de los 51 grados.
Caamaño se hizo a la mar en San Blas el 20 de marzo de
1792 y durante seis meses recorrió la parte septentrional
de la isla de la Reina Carlota, el sur de la isla del Príncipe
de Gales, las islas de Revillagigedo (En Alaska), las islas
de la Calamidad y de Aristazábal y la entrada de Mociño
(hoy aparece en los mapas como Caamaño Sound)(50).
En el México novohispano, sus gobernantes y exploradores
encontramos las razones históricas por las que en la
toponimia de Canadá, Alaska y los Estados Unidos encontramos
tantos nombres castellanos.
El siglo
XIX comenzó con el gobierno de don Félix Berenguer
de Marquina, Teniente General de la Real Armada, quien en su
viaje a Veracruz fue hecho prisionero por los ingleses cerca
de Cabo Catoche y conducido preso a Jamaica de donde se la permitió
pasar a México en la goleta "Kingston". Los
ingleses no dejaban de bloquear Veracruz, de hecho su presencia
se había generalizado a lo largo de las posesiones españolas
en Europa y América. España entró en la
órbita de Francia desde la firma de la Paz de Basilea
tras dos años de guerra, lo que implicó, después
de la firma del Tratado de San Ildefonso (1796), la ruptura
con Gran Bretaña(51).
En la lucha planteada en el mar en los años siguientes,
a España le fue imposible mantener un poder naval suficiente
para controlar las acciones hostiles de Inglaterra, su alianza
con Francia trajo la guerra, y ésta el desastre de Trafalgar
(1805), que marcó el ocaso del poder naval español.
Si en
el mar las unidades navales inglesas transitaban libremente
por las aguas mexicanas y se aprovisionaban de lo necesario
en nuestros puertos, se debía a que ya no había
marina de guerra, los esfuerzos de los últimos virreyes
por ser escuchados en la corte española fueron inútiles,
en realidad no tenía con qué satisfacer sus demandas.
Entre
tanto a partir de 1808, con la abdicación del Fernando
VII a favor de Napoleón, el consecuente estallamiento
de la guerra de independencia en España y la decisión
del Virrey Venegas de desobedecer las órdenes recibidas
de Madrid, que provocó su detención y destitución
después de la revuelta de los comerciantes españoles
en la ciudad de México, por haberse hecho sospechoso
de impulsar la independencia, se comenzaron a sentir en la nación
mexicana los primeros vientos emancipadores.
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1 Thompson, J. Eric S.- Grandeza y Decadencia
de los Mayas.- Págs. 260-263.- Ed. F. C. E..- 1985.-
México
2
Díaz del Castillo, Bernal.- Historia Verdadera de la
Conquista de la Nueva España.- Pág. 5.- Ed. Porrúa
S. A.- 1962.- México
3
Del nahuatl chinamitl, seto o cerca de cañas.
Terreno de corta extensión en las lagunas vecinas a la
ciudad de México, donde se cultivan flores y verduras.
Antiguamente estos huertos eran flotantes
4
De Madariaga, Salvador.- Hernán Cortés.- Pág.
263.- Ed. Sudamericana.- 11ª edición.- 1992.- Buenos
Aires
5
Martínez José Luis.- Hernán Cortés.-
Pág.. 289.- Universidad Nacional Autónoma de México
y Fondo de Cultura Económica.- 1992 México. Este
pasaje de la historia de la conquista de la Nueva España
relativo al Sitio y Caída de Tenochtitlan está
fundamentado en los escritos del Cronista Real, Antonio de Herrera
y Tordesillas, de Bernal Díaz del Castillo, de Guillermo
Porras Muñoz y de Francisco Cervantes de Zalazar y el
indígena tlaxcalteca Diego Muñoz Camargo
6
Ibíd.- Pág. 290
7
Ibíd.- Pág. 291
8
Ibíd.- Págs. 293 y 294
9
Ibíd.- Pág. 293.- Ref.- Orozco y Berra (Historia
Antigua. Conquista, libro III, Cap. ii) Recoge de Prescott
(Historia de la Conquista de México, Trad. de
José Ma. González de la Vega, lib. VI, cap. i,
n. 24) el siguiente pasaje: “Dos ejemplos memorables…
de transportes de buques por tierra: uno en la historia antigua
el otro en la moderna y ¡cosa rara! En el mismo lugar,
Tarento en Italia. El primero ocurrió en el sitio que
puso Aníbal a aquella ciudad (Polibio, lib. 8º);
el segundo acaeció diez y siete siglos después
en tiempos del gran capitán Gonzalo de Córdoba;
pero la distancia de donde se los trajo era corta. Otro ejemplo
más análogo es el de Balboa, audaz descubridor
del Pacífico. Dispuso que se llevaran cuatro bergantines
a la distancia de veintidós leguas, atravesando el istmo
de Darién, trabajo estupendo y no del todo inútil,
pues solo dos buques llegaron a su destino. (Herrera, Historia
General, déc. IIª, lib II, cap. xi) Aconteció
esto en el año de 1516, poco tiempo antes de lo de Cortés,
y el que tal vez sugeriría a su genio emprendedor, la
primera idea de su más feliz y más grandiosa empresa
10
Ibid.- Pág. 322.- Ref.- Cristóbal del Castillo,
Fragmentos de la obra general sobre historia de los mexicanos,
escrita en náhuatl a fines del siglo XVI. Los tradujo
al castellano Francisco Del Paso y Troncoso, Florencia, Tipografía
de Salvador Landi, 1908, cap 39, 2ª parte, p. 104
11
Ibid.- Págs. 328 y 329
12
Cárdenas de la Peña, Enrique.- Urdaneta y el Tornaviaje.-
Pág. 35.- Secretaría de Marina.- 1965.- México.-
Ref.: Francisco de Icaza, en el Diccionario autobiogréfico
de conquistadores y de la Nueva España, señala
que el segundo apellido aparece en otra forma, puesto que es
hijo de Doña Gutierra (?) de Ceraynveznios de Villafranca.
Nota en de Arreche José.- Urdaneta, el dominador de los
espacios del Océano Pacífico
13
Trueba, Alfonso.- La Conquista de Filipinas.- Pág. 46.-
Ed. Jus.- 1959.- México.- Tomado del texto de Urdaneta
y el Tornaviaje de Enrique Cárdenas de la Peña,
ya citado
14
Cuevas, Mariano.- Monje y Marino.- Págs. 188-189.- Ibid
15
Trueba, Alfonso.- La Conquista de las Filipinas.- Pág.
47.- Ibid
16
Cárdenas de la Peña, Enrique.- Ibid.- Págs.
90 y 91.- Con las notas de Fray Gaspar de San Agustín
en la obra Conquistas de las Filipinas.- P. 63 y la de Mariano
Cuevas ya citada.- P. 202.- José Sanz y Días en
su obra, López de Legaspi, Primer Adelantado y Conquistador
de las Filipinas.- Ps. 63 y 64
17
Ibíd. Pág. 92
18
Ibíd.- Síntesis de la ruta de ida tomada de las
Págs. 92 a la 104
19
Ibíd.- Págs. 113 y 115
20
Ibíd.- Pág. 115.- Cita de Jesús García
Tolsá.- Navegantes y Exploradores.- P. 261.- Ed. Mateu.-
Barcelona.- 1958
21
Ibíd.- Págs. 120 y 121.- Cita de Alfonso Trueba.-
La Conquista de las Filipinas.- P. 57.- Ed Jus.- México.-
1959
22
Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta.- 2003
23
Ibíd.- Págs. 34-35
24
Torres Ramirez, Bibiano.- La Armada de Barlovento.- Pág.
1.- Escuela de Estudios Hispanoamericanos.- Sevilla.- 1981.-
Cita la carta de don Sebastián de Arencibia a S. M.,
Sevilla, 18 de octubre de 1595.- Archivo General de Indias,
Indiferente General, 2661
25
Ibíd.- Pág. 2.- Cita Consulta del Consejo de Indias,
27 de octubre de 1595.- A. G. I.- Indiferente General.- 743
26
Ibíd.- Pág. 2.- Cita Real Cédula a los
oficiales de la Casa de Contratación. El Pardo, 14 de
agosto de 1575. A. G. I., Indiferente General 1956
27
Ibíd.- Pág. 42
28
Ibíd.- Pág. 43
29
Ibíd.- Pág. 44
30
Sariego del Castillo, J. L., Historia de la Marina Española
en la América Septentrional y Pacífico. - Págs.
60-61 – Ed. José L. Sariego del Castillo.- Sevilla
1975.
31
Ibíd.- Pág. 61
32
Brito García, Luis.- Periódico El Nacional.- Caracas,
4 de abril de 1991, Venezuela
33
Ibíd..- Pág. 62
34
Ibíd..- Pág. 64
35
Torres Ramírez, Bibiano.- Ops. Cit.- Pág. 145.-
Cita las cartas del General de la Armada de Barlovento a S.
M. del 16 de junio de 1690.- A. G. I. Indiferente General, 2,550
y la instrucción dada por el Virrey al General de la
Armada de México del 20 de junio de 1690.- A. G. I. Indiferente
General 2,550
36
Ibíd..- Pág. 146.- Cita una carta del Presidente
de la audiencia a S. M. Santo Domingo, 15 de febrero de 1691.-
A. G. I.. México, 471
37
Sariego del Castillo, J. L., Ops. Cit.- Pág. 65. Al respecto
de este hecho, existen discrepancias de datos entre tres obras
consultadas, que fueron, además de las ya citadas, "México
a Través de los Siglos".- Tomo II, escrito por el
Gral. Alfredo Chavero.- Págs 651 y 652.- No se menciona
quien llevaba el mando de dicha expedición, aunque por
la lista de almirantes que ofrece Torres Ramírez en el
apéndice de su obra, se presume que era el Almirante
Antonio de Astina. Igualmente mencionan Chavero y Sariego que
las tropas eran en su mayor parte mexicanos de la infantería
de la Armada que se distinguieron por haber logrado revertir
una inminente derrota en una decisiva victoria
38
Ibíd.- Págs. 75-76
39
Teniente General Andrés Regio, Comandante de la escuadra
en La Habana, mencionado por Torres Ramírez en la obra
citada
40
Torres Ramírez, Bibiano.- Ops. Cit.- Pág. 215.-
Cita Reggio a Ensenada. La Habana, 30 de agosto de 1748. Archivo
General de Simancas., Marina,124
41
Ibíd..-Pág. 215.- Cita Güemes a Ensenada.
México, 15 de diciembre de 1748. A. G. I., México
1,506
42
Posiblemente se refiere al Canal Viejo de Bahama, al norte de
la Isla de Cuba
43
Ibíd..- Pág. 216.- Cita Perea a Ensenada. Veracruz,27
de febrero de 1749. A. G. S., Marina, 124
44
Ibíd..- Pág. 216.- Cita Perea a Ensenada. La Habana,
12 de agosto de 1749. A. G. S., Marina, 124
45
Sariego del Castillo, J. L., Ops. Cit..- Pág. 92.- Menciona
órdenes fechadas el 11 de abril y 23 de septiembre de
1773, giradas al Virrey don Antonio María de Bucareli
y Ursúa
46
Ibíd..- Págs. 92-93
47
Ibíd..- Pág. 93
48
Ibíd..- Pág. 91
49
Ibíd..- Pág. 98
50
Ibíd..- Pág. 99
51
Enciclopedia Microsoft Encarta.- Carlos IV.- 2003
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